“Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés”.
Números 9:23
INTRODUCCIÓN
Continuando con nuestra sinopsis del libro de Números, los capítulos 5 y 9 nos hablan de la santificación del campamento de Israel, prácticamente el tema central en estos capítulos gira alrededor de la preparación espiritual y consagración del pueblo de Israel para caminar delante de Dios, no solo bastaba organizarse social y militarmente, sino, aprender a vivir en santidad delante de un Dios santo: “Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés”, (Números 9:23).
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| La santificación del campamento de Israel |
LA CONSAGRACIÓN DEL CAMPAMENTO DE ISRAEL (NÚMEROS 5-6)
En los capítulos 5-6 se nos presentan una serie de leyes que tenían como objetivo consagrar espiritualmente el campamento de Israel para vivir delante de un Dios santo. El Señor es santo y, por tanto, Israel debe prepararse espiritualmente para cumplir sus decretos y ordenanzas, por ello, antes de partir a su peregrinación al desierto, establece las siguientes leyes.
Echan fuera todo lo impuro.
Antes de partir, Dios le dice a Israel que debe echar fuera del campamento a todo aquel impuro, es decir, separar a los leprosos, contaminados con flujo y contaminados por haber tocado muerto: “Jehová habló a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso, y a todos los que padecen flujo de semen, y a todo contaminado con muerto”, (Números 5:1-2). Aunque el propósito era hacer énfasis al principio de pureza espiritual, la santidad de Dios también era practica y al mismo tiempo promovía medidas sanitarias dentro del campamento ya que aprendían a aislar a los enfermos, evitar epidemias, controlar las impurezas y proteger la higiene y salud comunitaria.
La ley de la restitución.
De la misma manera, el Señor demandaba la ley de la restitución como una medida de que el mal realizado en contra de su prójimo tenía que pagar el precio del agravio: “... aquella persona confesará el pecado que cometió, y compensará enteramente el daño, y añadirá sobre ello la quinta parte, y lo dará a aquel contra quien pecó”, (Números 5:7). el principio aquí es: Pecar en contra de su prójimo es pecar en contra de Dios, por tanto, debe restituirse el daño cometido. En este caso, el daño tenía que compensarse añadiendo sobre este la quitan parte, esta ley de compensación aparece en Éxodo 22:1‑15 donde se regula casos de robo de ganado, daño a campos o préstamos, exigiendo devolver lo robado en múltiplos de cuatro, cinco y hasta el doble. En Levítico 6:1‑7 se vuelve a tocar el tema de la restitución exigiendo la quinta parte sobre lo robado. Israel tenía que aprender que la justicia implicaba no pecar, que muchas veces el pecado ofende o daña al prójimo y, por ende, a Dios, que la restauración no solo implica pedir perdón, sino, restituir o pagar el daño cometido.
Ley sobre los celos.
Esta ley es difícil de comprender, prácticamente estable lo que se tiene que hacer cuando el marido sospecha que su esposa le ha sido infiel, pero no tiene testigos: “Habla a los hijos de Israel y diles: Si la mujer de alguno se descarriare, y le fuere infiel, y alguno cohabitare con ella, y su marido no lo hubiese visto por haberse ella amancillado ocultamente, ni hubiere testigo contra ella, ni ella hubiere sido sorprendida en el acto; si viniere sobre él espíritu de celos, y tuviere celos de su mujer, habiéndose ella amancillado; o viniere sobre él espíritu de celos, y tuviere celos de su mujer, no habiéndose ella amancillado; entonces el marido traerá su mujer al sacerdote, y con ella traerá su ofrenda, la décima parte de un efa de harina de cebada; no echará sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella incienso, porque es ofrenda de celos, ofrenda recordativa, que trae a la memoria el pecado”, (Números 5:12-15). El propósito era preservar la pureza del matrimonio, existían otras leyes relacionadas con el adulterio, así, en Éxodo 20:14 el mandamiento establece la prohibición del adulterio, en Levítico 20:10 se establece la pena de muerte para los casos de adulterios que son comprobado a través de testigos. Luego, en Deuteronomio 22:13‑21 se estable un procedimiento a seguir cuando el hombre desconfiaba de la virginidad de su mujer, en dicho caso, se tenían que presentar las evidencias físicas que demostraban que no encontró virgen a su mujer en la primera noche donde durmió con ella.
Este ritual que se realizaba por celos era solo cuando el esposo no tenía evidencias de la infidelidad de su mujer, algunos comentaristas han opinado que este rito se realizaba cuando la mujer estaba embarazada y el hombre dudaba de que el niño era suyo. El rito es descrito en el libro de Números: “Y el sacerdote hará que ella se acerque y se ponga delante de Jehová. Luego tomará el sacerdote del agua santa en un vaso de barro; tomará también el sacerdote del polvo que hubiere en el suelo del tabernáculo, y lo echará en el agua. Y hará el sacerdote estar en pie a la mujer delante de Jehová, y descubrirá la cabeza de la mujer, y pondrá sobre sus manos la ofrenda recordativa, que es la ofrenda de celos; y el sacerdote tendrá en la mano las aguas amargas que acarrean maldición. Y el sacerdote la conjurará y le dirá: Si ninguno ha dormido contigo, y si no te has apartado de tu marido a inmundicia, libre seas de estas aguas amargas que traen maldición; más si te has descarriado de tu marido y te has amancillado, y ha cohabitado contigo alguno fuera de tu marido (el sacerdote conjurará a la mujer con juramento de maldición, y dirá a la mujer): Jehová te haga maldición y execración en medio de tu pueblo, haciendo Jehová que tu muslo caiga y que tu vientre se hinche; y estas aguas que dan maldición entren en tus entrañas, y hagan hinchar tu vientre y caer tu muslo. Y la mujer dirá: Amén, amén”, (Números 5:16-22). Prácticamente se tomaba en un vaso de barro agua y se mezclaba con polvo del suelo del Tabernáculo, aquí el sacerdote tomara este vaso con las aguas amargas y lo daba a beber a la mujer, la cual repetía un juramento afirmando que era inocente del cargo de infidelidad, si las aguas no le causaban daño, resultaba ser inocente ya que Dios la libraba de cualquier daño, pero si era culpable, las aguas amargas hinchaban su vientre provocando dolores y hasta la esterilidad. Algunos comentaristas opinan que, si la mujer estaba embarazada, la hinchazón de vientre y malestares provocaban un aborto. En el Mishná, Sotá 2:2 se describía el procedimiento citado en Números: “Traía un vaso de barro nuevo y lo llenaba con medio log de agua del lavacro. El sacerdote tomaba polvo del suelo del tabernáculo y lo ponía en el agua. Luego escribía las palabras de la maldición en un pergamino y las borraba en el agua, y la mujer debía beberlas”. Pareciera que esta ley fue transitoria, es decir, solo se practicó durante su peregrinación en el desierto. De igual forma según la Mishná (Sotá 9:9), el rito fue abolido por el rabino Yohanan ben Zakkai en el siglo I d.C., cuando la corrupción moral aumentó en Israel, así el rito perdió sentido porque la infidelidad ya no era un caso aislado, sino un problema generalizado. En conclusión, si la mujer era inocente, las aguas amargas no la dañaban, ya que Dios la protegía, pero de lo contrario, la bebida hinchaba su vientre, dañaba sus intestinos y provocaba esterilidad. Este tipo de ritual es muy extraño, especialmente para la mente moderna, muchos opinan que probablemente solo se practicó durante su peregrinación en el desierto, ya que durante el tiempo de la conquista y el tiempo de jueces el arca dejo de ser el centro de la vida espiritual y recordemos que durante su peregrinación el Tabernáculo era el centro de sus vidas y el ritual demandaba que se tomara polvo donde estaba el Tabernáculo. Durante el tiempo de la monarquía, especialmente durante el tiempo del primer Templo es poco probable que se continuara practicando este rito.
El voto de los nazareos.
El voto de nazareo era un compromiso de consagración voluntario que el israelita hacia delante de Dios como muestra externa de comunión con Dios: “Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: El hombre o la mujer que se apartare haciendo voto de nazareo, para dedicarse a Jehová”, (Números 6:1-2). La palabra nazareo se traduce del hebreo nazír, (נָזִיר) que significa consagrado o separado. El voto incluía tres obligaciones: no beber vino ni productos de la vid (Números 6:3-4), no debían cortarse el cabello durante los días de su voto (Números 6:5) y no debía tocar cadáveres (Números 6:6-8).
LA ORACIÓN SACERDOTAL
“Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré”.
Números 6:23-27
Lo que tenemos aquí es la oración que los sacerdotes tenían que dirigir al pueblo para bendecirlo, más que una simple oración, era una invocación que el sacerdote hacia apelando a la gracia de Dios y que literalmente transmitía al pueblo prosperidad, protección y paz. Esta oración es conocida como la oración sacerdotal o la oración aarónica: Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles… Estas palabras recitadas por los sacerdotes tenían poder, no porque se tratará de una fórmula mágica o un conjuro que hoy podamos recitar; sino, porque estando los sacerdotes totalmente santificados delante de Dios, transmitían su gracia a través de sus palabras para bendecir verdaderamente al pueblo. Cuando Jesús instruía a sus discípulos para ir a predicar el evangelio, también les dijo que aquellas casas donde entrasen, las bendijesen: “Y al entrar en la casa, saludadla. Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; más si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros. Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies”, (Mateo 10:12-14). En sus cartas los apóstoles solían declarar bendiciones similares (Romanos 15:13, 2 Corintios 13:14, Efesios 6:23-24, Filipenses 4:7, 1 Tesalonicenses 5:23-24, 1 Pedro 5:10). Ahora, esta oración bendecía en 5 áreas específicas:
- Bendición para que Dios los prosperara en toda labor diaria: Jehová te bendiga… La bendición es por prosperidad, por las cosechas, por sus ganados, por sus actividades diarias, por sus familias, por toda labor emprendida.
- Protección divina: Jehová … te guarde… La bendición pedía protección de sus enemigos, de cualquier mal que pudiera tocarlos, de algún peligro en el camino.
- Ganar su favor divino: … Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti… La oración pedía que el Señor derramase su amor y paz sobre la persona, que su favor estuviese sobre su vida para darle gracia al momento de realizar sus actividades diarias.
- Ser merecedor de su perdón divino: … y tenga de ti misericordia… La plegaria también suplicaba por misericordia, es decir, no ser castigados por nuestros pecados, no porque no lo merezcamos, sino, porque su gracia es más grande que su ira.
- Recibir la paz de Dios: … Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. Finalmente, pide paz. La palabra paz se traduce del hebreo shalóm (שָׁלוֹם), la cual no solo implica ausencia de conflicto, sino, prosperidad, tranquilidad, salud, satisfacción personal, seguridad y en general, ser bendecido por su presencia en todas las áreas.
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