“Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado”.
Nehemías 8:9-12
INTRODUCCIÓN
Después de la lectura de la ley por parte del sacerdote Esdras, el pueblo se quebrantó y adoro a Dios, esto marco el inicio de una restauración espiritual en medio de todo el pueblo, un acontecimiento necesario para culminar con la restauración física de los muros de Jerusalén. Ahora el relato de la historia continua, pero los lideres del pueblo les exhortan a no dejar que su corazón se llene de tristeza y llanto, sino, se gocen por la obra maravillosa que el Señor estaba haciendo con ellos.
EL QUEBRANTO QUE CONDUCE AL GOZO
“Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley”.
Nehemías 8:9
Como leímos en versículos anteriores, el pueblo recibió la palabra de Dios, Esdras leyó la ley durante toda la mañana, mientras los demás levitas le ayudaban a explicarla al pueblo para que estos comprendiesen su mensaje: “Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento... Y los levitas ... hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura”, (Esdras 8:5, 7-8). Esto provoco el quebranto del pueblo ya que aquel día hubo gran lamento por el hecho de recibir la palabra de Dios después de tanto tiempo, lo cual nos muestra el poder transformador que las Escrituras siempre ha tenido: ... porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Esto es así debido a que la palabra de Dios es eficaz, no es un texto muerto, sino, está viva: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”, (Juan 6:63). Esta es capaz de discernir los pensamientos más profundos y descubrir los secretos más íntimos del corazón: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”, (Hebreos 4:12). La palabra de Dios es poderosa para hacerle ver al hombre su condición de pecado y su necesidad de ser salvo, lo cual trae el arrepentimiento, así lo vemos cuando el rey Josías se quebrantó cuando le leyeron las Escrituras entendiendo como habían pecado en contra de Dios: “Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestidos”, (1 Reyes 22:11). Cuando los judíos escucharon la primera predicación de Pedro, fueron quebrantados por sus pecados: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?”, (Hechos 2:37). Ahora, aquel día los judíos escucharon la ley de Dios y esto los quebranto en gran manera, algo que marca el punto de inicio de una restauración espiritual, pero sus lideres les exhortaron a dejar el llanto y gozarse delante de su Señor por sus grandes y portentosas obras: Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Tanto Nehemías, quien para este momento era el gobernador, como el sacerdote Esdras, quien era uno de los principales lideres espirituales, junto con los levitas le pidieron al pueblo que ya no llorasen más por sus pecados, antes, después de un auténtico arrepentimiento, recibiesen la misericordia de Dios y se llenasen del gozo de Dios. Con las palabras, "Dia santo es a Jehová nuestro Dios...”, se referían a que era un día especial y consagrado a la adoración de Dios, y obviamente era así, podemos imaginar el impacto del momento, el pueblo quebrantado ante la lectura de la ley, un acontecimiento que tenía años de no ocurrir, a parte del sentimiento de gratitud del pueblo al ver la obra de la restauración de los muros finalizados. Ahora, la exhortación era dejar el lamento y gozarse ante Dios, por ello, el arrepentimiento trae la tristeza por el pecado cometido, y esta a su vez trae el gozo al recibir el perdón de Dios: “La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte”, (2 Corintios 7:10).
ADORACIÓN Y COMUNIÓN COMUNITARIA
“Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado”.
Nehemías 8:10-12
Los lideres principales del pueblo les dicen: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. Prácticamente los exhortaban a estar felices por lo que el Señor había hecho por ellos, a ir, comer y beber, compartir con los pobres y estar gozos sabiendo que el gozo del Jehová es su fortaleza y teniendo comunión con todos sus hermanos. En la Biblia se nos enseña como el gozo es más que una emoción pasajera de felicidad, es un estado de constante regocijo que proviene de su comunión con el Señor: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”, (Filipenses 4:4). En el cristianismo, el dolor por el pecado trae el arrepentimiento, luego, el arrepentimiento trae el gozo de la salvación, un gozo que solo puede perderse por el pecado, de allí que la verdadera comunión con el Espíritu Santo trae un gozo inefable, una comunión no solo con Dios, sino con sus hermanos de fe. Este día el pueblo tuvo una comunión con todos sus hermanos compatriotas, así, en la iglesia, la comunión entre los hermanos es importante, tanto que desde sus mismos inicios fue practicada: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”, (Hechos 2:42). Como leemos, la iglesia del primer siglo perseveraba en la doctrina y en la comunión de los santos, practicando la cena del Señor y orando los unos por lo otros, y todo esto trae gran gozo, y así paso el día que Esdras leyó la ley: Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.
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