“El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece”.
Job 14:1-2
INTRODUCCIÓN
El sufrimiento humano es uno de los temas que más inquieta a los seres humanos, por naturaleza todos los hombres y mujeres anhelan una vida feliz, lejos del sufrimiento, una vida sin preocupaciones donde todos sus sueños se alcancen, pero la verdad es que a veces la vida no resulta como la pudiésemos imaginar ya que está llena de dificultades, injusticias, tragedias y mucho sufrimiento. ¿Qué dice la Biblia acerca del tema del sufrimiento? ¿Es bíblico afirmar que venir a Cristo significa el fin de todos nuestros sufrimientos? ¿Qué hay del evangelio de la prosperidad? Consideremos responder estas preguntas.
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| El sufrimiento humano y su propósito en la vida cristiana |
UNA METÁFORA QUE EXPRESA LA REALIDAD DEL HOMBRE
De manera poética el libro de Job expresa una metáfora que revela la realidad del ser humano: “El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece”, (Job 14:1-2). Si consideramos este versículo podemos entender varias verdades. Primeramente, nos muestra la fragilidad humana: “El hombre nacido de mujer, corto de días…”, la vida es breve y vulnerable, marcada por límites y sufrimiento. En segundo lugar, nos habla de la realidad del dolor: ”…y hastiado de sinsabores…”, el sufrimiento es parte inevitable de la experiencia humana, no una excepción. En tercer lugar, de forma metafórica enseña la transitoriedad de la vida, la vida, florece, pero pronto se marchita. Finalmente, a manera de símil, nos transmite la incertidumbre del tiempo, el tiempo pasa sin detenerse; la vida se desvanece como una sombra al atardecer. Todo esto nos habla de lo frágil y efímera que es la vida del ser humana, llena de sufrimiento e incertidumbres.
EL SUFRIMIENTO NO ERA PARTE DEL DISEÑO ORIGINAL DE DIOS
Muchos podrían culpar a Dios por la existencia del mal, pero la verdad es que el sufrimiento no era parte de su diseño original. De acuerdo con el libro de Génesis, Dios creo al ser humano perfecto, libre del sufrimiento, a imagen y semejanza de Dios fue creado: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó “, (Génesis 1:27). Sin embargo, fue por causa del pecado que la maldad y con ello el sufrimiento entraron a la humanidad, perdiéndose así el diseño original: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, (Romanos 5:12).
Las consecuencias del pecado.
El pecado es la infracción de la ley de Dios y esta trae terribles consecuencias a la vida de los seres humanos, por vivir en un mundo lleno de maldad estamos expuestos a que sus consecuencias nos alcancen, así la suma del pecado trae injusticias, perversión, tragedias, enfermedades, violencia, fragilidad humana y condenación eterna, por ello, las Escrituras testifican que este mundo está en agonía: “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora”, (Romanos 8:22).
¿EL EVANGELIO PROMETE QUE DEJAREMOS DE SUFRIR EN ESTE MUNDO?
Muchas veces escuchamos ofrecer un evangelio que soluciona toda clase de problemas, promete que venir a Cristo significa prosperidad, que a través de la fe se conquistan grandes riquezas y los sueños se hacen realidad. Pero la verdad es que no es tanto así, de hecho, el llamado evangelio de la prosperidad solo hace rico a los mercenarios del evangelio que lo predican y se aprovechan de la ingenuidad de las personas que les creen por enseñar un evangelio diferente. Jesús nunca trajo un evangelio que prometía la liberación total del sufrimiento de este mundo, de hecho, consoló a aquellos que vivían desconsolados y sedientos de justicia: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”, (Mateo 5:3-12). Muchas veces Jesús advirtió del precio de ser su discípulo: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”, (Mateo 16:24-25). Si bien es cierto, Cristo trae la libertad del pecado, sana todo tipo de enfermedades y restaura vidas, pero también, habrá ocasiones donde experimentaremos el dolor.
La consciencia de los cristianos primitivos del sufrimiento.
El tema del sufrimiento no era ajeno a los cristianos del primer siglo, de hecho, era una doctrina básica y fundamental de ellos, sabían que ser cristianos no era sinónimo de estar exceptos del sufrimiento. Pedro les decía que no era de sorprenderse por estar sometidos al fuego de la prueba: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido… sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo”, (1 Pedro 4:12‑13). Santiago veía las pruebas como un medio a través de las cuales se alcanzaba la perfección: “Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas… para que seáis perfectos y cabales”, (Santiago 1:2‑4). Pablo afirmaba que seriamos participes de las promesas de Cristo, así como de sus padecimientos: “Porque a vosotros os es concedido… no sólo que creáis en Él, sino también que padezcáis por Él”, (Filipenses 1:29). Así que el tema del sufrimiento no era algo que sorprendiera a los cristianos del primer siglo, de hecho, consideraban un honor el ser dignos de padecer por su causa y el mismo libro de Apocalipsis envía un mensaje de esperanza a aquellos que sufran el martirio por la causa de Cristo.
PROPÓSITO DEL SUFRIMIENTO EN EL CRISTIANO
Como cristianos no deberíamos ver el sufrimiento como algo de lo que escaparemos en esta vida, o creer que por ser cristianos Dios nos librara de él, ciertamente no es así, sin embargo, debemos entender lo que el sufrimiento significa en la vida del creyente y cuál es su propósito.
- Desarrollo de nuestra fe y carácter: “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce perseverancia, y la perseverancia produce carácter probado, y el carácter probado produce esperanza”, (Romanos 5:3-4, RVC). Rick Warren, en su libro, Una Vida con Propósito, dice: “Dios está más interesado en tu carácter que en tu comodidad. Su propósito es hacerte semejante a Cristo, no simplemente hacerte feliz”.
- Aprender a confiar en la soberanía de Dios: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”, (2 Corintios 12:7-9).
- Entender que en todo hay un propósito más alto que nuestra mente finita no puede comprender: “Entonces el Señor le dijo a Job: «¿Todavía quieres discutir con el Todopoderoso? Tú criticas a Dios, pero ¿tienes las respuestas?»”, (Job 40:1-2, NTV). Al principio Job no entendía el por qué su sufrimiento, incluso acusaba a Dios de cometer un error con su persona, pero cuando Dios se le reveló en un torbellino y le dio a conocer las grandezas de su sabiduría, entendió que su mente era incapaz de entender sus propósitos divinos. A.W. Tozer dijo: “Es dudoso que Dios pueda usar grandemente a un hombre hasta que lo haya herido profundamente”.
- Aprender a confiar y buscar el consuelo de nuestra alma en su presencia: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren”, (2 Corintios 1:3-4, NVI). Charles Spurgeon dijo: “Mientras Dios nos prueba con una mano, nos sostiene con la otra”.
- Finalmente, debemos entender que la promesa es el consuelo de vida eterna, no la comodidad en este mundo: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”, (2 Corintios 4:17-18).
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