Sinopsis de Levítico (Parte VI) Las fiestas solemnes



“Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de Jehová, las cuales proclamaréis como santas convocaciones...” 

Levítico 23:1-2 


INTRODUCCIÓN 

 

El libro de Levítico también presentaba las fiestas solemnes que Israel tenía que celebrar, estas eran llamadas santas convocatorias. Las palabras, “santas convocaciones” nos hablan del carácter ceremonial y especial de estas fiestas, no eran como las fiestas paganas de las naciones paganas, donde había sacrificios humanos u orgias religiosas, sino, más bien, tenían como propósito acercarlos más a Dios, reconocer la bendición de que la tierra les produjese una buena cosecha durante las estaciones agrícolas del año y recordar parte de su historia como un pueblo santo. Por lo general, eran ocasión de celebración durante un día o más donde todos los israelitas estaban obligados a participar. En total podemos contar 11 fiestas importantes de las cuales 9 se enumeran en Levítico, estas son: La pascua, la fiesta de los panes sin levadura, el pentecostés, la fiesta de las trompetas, el día de la expiación, la fiesta de los tabernáculos, el año de la expiación y el año de jubileo. En Ester se menciona la fiesta de Purim y en el evangelio según Juan la fiesta de las luces. 



fiestas-leyes

Judíos rezando en la sinagoga en Yom Kipur (1878), cuadro del pintor judío polaco Maurycy Gottlieb (1856-1879).

Por Maurycy Gottlieb - From Jewish Art, edited by Grace Cohen Grossman, ISBN 0-88363-695-6, page 199. Copied with a Canon EOS Digital Rebel with EF 50mm f/1.8 mounted on a copy stand at the UConn art department. ISO 100, f/8, 1/15s. The image was then cropped and level-adjusted with Gimp and saved with a JPEG quality of 0.95., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=41074


 

EL SÉPTIMO DÍA 

 

Establecido tanto en el decálogo como en otras partes de la ley, el Señor declaro santo el séptimo día: “Seis días se trabajará, más el séptimo día será de reposo, santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo es de Jehová en dondequiera que habitéis”, (Levítico 23:3). Las palabras, “séptimo día será de reposo”, se traducen del hebreo shebihí shabbát shabbatón (שְׁבִיעִי שַׁבָּת שַׁבָּתוֹן), de donde, Shabbat es la palabra que generalmente reconocemos como reposo y de donde se origina el nombre de sábado, uno de los 7 días de nuestra semana. Esta fiesta era de carácter permanente y que se celebraba semanalmente durante todo el año, aun estando fuera de las fronteras de Israel, ellos tenían que observarla. Prácticamente les recordaba lo siguiente: 



  1. Que Dios había creado el mundo en 6 días y al séptimo reposo de sus obras porque todo era perfecto: Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”, (Génesis 2:3). 

  1. Apartar un día a la semana, dejando toda obra de trabajo cotidiana y a Dios y reflexionar de sus maravillas: “Guardarás el día de reposo[a] para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra”, (Deuteronomio 5:12-13). De alguna manera Dios estable también el principio de descansar de todas las obras un día a la semana, lo cual ayuda al cuerpo a recuperarse de una semana de trabajo. 

  1. Recordar durante ese día que en el pasado fueron esclavos, pero ahora el Señor los había librado de sus duras tareas e introducido a la tierra prometida: “Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo, (Deuteronomio 5:14). 

  1. Hoy en día los cristianos ya no guardamos el sábado, ya que Cristo ha venido a ser nuestro reposo (Hebreos 4:8-11) y la iglesia adquirió la costumbre de reunirse el primer día de la semana, el domingo, por ser el día en el que nuestro Señor Jesús resucito (1 Corintios 16:1-2). 

 

LAS FIESTAS DE LA PRIMAVERA 

 

Prácticamente aquí tenemos 3 fiestas que marcaban el principio de año y conmemoraban su liberación de la esclavitud en Egipto, las primeras cosechas y la provisión divina de Dios durante todo el año. Estas fiestas son: La pascua, la fiesta de los panes sin levadura, las primicias y el día de pentecostés 

 

La pascua y la fiesta de los panes sin levadura. 

 

Aquí encontramos dos fiestas más que se celebraban de manera seguida, la pascua y la fiesta de los panes sin levadura: En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová. Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levadura a Jehová; siete días comeréis panes sin levadura”, (Levítico 23:5-6). La palabra pascua se traduce del hebreo Pésakj (פֶּסַח), y significa, “pasar por alto”, ya que hace referencia al hecho de que Dios paso por alto las casas de los hebreos que estaban marcadas con la sangre del cordero para que el ángel de la muerte no matase a los primogénitos (Éxodo 12). Esta fiesta recordaba la liberación de la esclavitud de Egipto y se celebraba el primer mes del calendario hebreo, el 14 de Nisán 

 

La otra festividad que seguía a la pasca es la fiesta de los panes sin levadura y duraba 7 días, se consagraba a Dios y se comían panes sin levadura durante toda la semana, no se trabajaban el primero y séptimo día, y durante el resto se trabajaba con moderación: El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer”, (Éxodo 12:16). De la misma manera, se recordaba la liberación de la esclavitud de Egipto. Ambas fiestas prefiguraban la muerte de Cristo y nuestra liberación de la esclavitud del pecado. 

 

Las primicias. 

 

La primavera traía las primeras cosechas y parte de las celebraciones establecía traer las primicias de las cosechas a los sacerdotes: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega”, (Levítico 23:10). La cebada maduraba tres semanas antes del trigo y los israelitas apartaban los primeros frutos para traerlos a los sacerdotes como muestra de agradecimiento por la provisión divina que recibían. Hoy en día los cristianos apartamos nuestras ofrendas como una muestra de agradecimiento para traerlas a la iglesia reconociendo también la bondad de Dios en nuestras vidas: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”, (1 Corintios 16:2).  

 

La festividad de pentecostés. 

 

50 días después de las primicias o primeras cosechas, venia la festividad de pentecostés o fiesta de la siega:Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová”, (Levítico 23:15-16). En hebreo la fiesta se llama shavúa (שָׁבוּעַ), que significa “semana”, por celebrarse 7 semanas después de la primera cosecha, en griego se le llamo pentecostés, palabra de origen griego, Pentekoste (Πεντηκοστή), que significa quincuagésimo, por celebrarse 50 días después de las primeras cosechas. En esta fiesta se marcaba el fin de las cosechas de trigo y se le ofrecía a Dios ofrenda con el fin de reconocer su bondad al proveerles su sustento diario. El día de pentecostés es recordado en medio del pueblo cristiano ya que fue el día que el Espíritu Santo descendió sobre ella y nació la iglesia cristiana. 

 

LAS FIESTAS DE OTOÑO 

 

Aquí tenemos tres fiestas más que se celebraban en el otoño, a la mitad del año hebreo, estas festividades santas eran, la fiesta de las trompetas, el día de la expiación y la fiesta de los tabernáculos, todas celebradas en el séptimo mes del calendario hebreo. Veamos en qué consistía cada una de ellas. 

 

La fiesta de las trompetas. 

 

Esta fiesta se celebraba el primer día del séptimo mes del calendario hebreo y marcaba el fin de las cosechas: “Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación. Ningún trabajo de siervos haréis; y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová”, (Levítico 23:23-25). La misma ley establecía que cada inicio de mes se distinguía por el toque de trompetas y la ofrenda de holocaustos a Jehová: Y en el día de vuestra alegría, y en vuestras solemnidades, y en los principios de vuestros meses, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos, y sobre los sacrificios de paz, y os serán por memoria delante de vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios”, (Números 10:10). Entre estos, el séptimo día se tocaba también la trompeta para realizar santa convocatoria y ningún tipo de trabajo se realizaba en ese día, con ello el Señor hacia un llamado a estar alertas y cuidar su relación con Él. Como cristianos también debemos estar alertas espiritualmente, cuidando de cultivar cada día nuestra vida espiritual sabiendo que un día sonara la final trompeta y seremos arrebatados para estar con nuestro Señor 

 

El día de la expiación. 

 

La otra santa festividad venia 10 días después de la fiesta de las trompetas, esta era el día de la expiación: “También habló Jehová a Moisés, diciendo: A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová”, (Levítico 23:26-27). Este día se escogía para afligir el alma y ofrecer sacrificio por los pecados de la nación (Levítico 16:29–30). En hebreo la festividad se conoce como Yom Kippur (יוֹם כִּפּוּר), que literalmente significa día de expiar. En Levítico 16 encontramos las leyes referentes a esta santa convocatoria, donde prácticamente se le pedía al pueblo afligir sus almas lo cual se interpreta que tenían que entrar en ayuno y cilicio (Levítico 23:27), se abstenían de realizar cualquier tipo de trabajo (Levítico 23:28–3) y era el único día del año donde el sumo sacerdote entraba en el lugar santo para expiar los pecados de todo el pueblo, habiéndose purificado previamente (Levítico 16:2–3, 15–17). Durante este día se sacrificaban dos corderos, uno para la expiación y otro para ser liberado en el desierto, llamado Azazel: “Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto”, (Levítico 16:6-10). Mucho se ha especulado acerca de la identidad de Azazel, algunos dicen que se trata de un demonio del desierto, esto de acuerdo con el Tárgum y literatura rabínica, el libro de Enoc lo presenta como uno de los ángeles que se rebelaron en contra de Dios, uno de los vigilantes, y fue encarcelado por el ángel Rafael: Encadena a Azazel de manos y pies, y arrójalo en la oscuridad; haz una abertura en el desierto que está en Dudael, y arrójalo allí”, (1 Enoc 10:4). Sin embargo, la interpretación más conservadora es entenderlo desde el significado etimológico de la palabra Azazel, la cual se translitera directamente del hebreo azazél (עֲזָאזֵל), que literalmente significa, “el macho cabrío que es liberado en el desierto”, y realmente eso era, era el macho cabrío que se liberaba en el desierto después de haber sacrificado al otra macho cabrío que era el de la expiación, en este sentido azazel o el macho cabrío que se liberaba en el desierto cargaba de manera simbólica los pecados de la nación. Todo esto tenía un gran simbolismo que apuntaba al sacrificio de Cristo y la redención que traería. 

 

La fiesta de los tabernáculos. 

 

La otra fiesta de verano era la fiesta de los tabernáculos, conocida también como la fiesta de las cabañas o Sukkot en hebreo, que se traduce como tabernáculo o cabaña: Habla a los hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos a Jehová por siete días. El primer día habrá santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis. Siete días ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; es fiesta, ningún trabajo de siervos haréis”, (Levítico 23:34-36). Esta fiesta conmemoraba el peregrinaje de los israelitas a través del desierto, recordando que fueron liberados de la esclavitud de Egipto, fueron peregrinos e introducidos a la tierra prometido por Dios: “En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos, para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios”, (Levítico 23:42-43). Durante esta fiesta que iniciaba a los 15 días del séptimo mes del calendario hebreo, se celebraba por siete días, los israelitas hacían cabañas con enramadas donde habitan provisionalmente recordando su peregrinaje, se realizaban ofrendas durante toda la semana y no se realizaba ningún tipo de trabajo. Hoy en día, nosotros los cristianos recordamos la obra restauradora que Cristo ha hecho en nosotros, nos ha liberado de la esclavitud del pecado y nos ha dado una ciudadanía espiritual, sabiendo que somos peregrinos en esta tierra, pero que tenemos una morada celestial que Él ha preparado para nosotros. 

 

EL AÑO DE REPOSO Y AÑO DEL JUBILEO 

 

A parte de las festividades santas que el Señor establecía en su ley, se decretó celebrar el año de reposo y en de jubileo. El año de reposo o año sabático consistía en hacer reposar la tierra de las actividades agrícolas cada siete años: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña”, (Levítico 25:2-4). Durante este año, Israel tenía que confiar en la provisión que Dios siempre les daría a través de la tierra aun si trabajarla, para que esta produjera en mayor cantidad, también se establecía liberar a los esclavos y se perdonaban deudas. Este no era un año de ocio, sino, tenía que aprovecharse para leer y aprender de la ley de Dios (Deuteronomio 31:9-13). Luego teníamos el año de jubileo, el cual, después de cada siete años sabáticos, el año número 50 era declarado año del jubileo: Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años. Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra. Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia. El año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos, porque es jubileo; santo será a vosotros; el producto de la tierra comeréis”, (Levítico 25:8-12). Al igual que en el año de reposo, los esclavos eran liberados y se perdonaban las deudas, con lo adicional que se devolvían las propiedades a aquellos dueños originales que las habían perdido por deudas, así Dios se aseguraba que cada propiedad estuviese con la familia de la tribu original que la adquirió desde el principio. No hay evidencia bíblica de que Israel haya cumplido esta parte de la ley, por lo cual Dios los juzgaría llevándolos al cautiverio por 70 años y haciendo así que la tierra descansase de sus labores: “para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos”, (2 Crónicas 36:21). 



No hay comentarios.:

Publicar un comentario