Una salvación universal por medio de la fe (Hechos 13:38-41)


 

“Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree. Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas: Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; Porque yo hago una obra en vuestros días, Obra que no creeréis, si alguien os la contare”.

Hechos 13:38-41


INTRODUCCIÓN

 

Con estos versículos se finaliza el mensaje que el apóstol Pablo dirigió a la audiencia de la sinagoga en Antioquía de Pisidia. Desde el versículo 16 hasta el 41 encontramos otro de los grandes mensajes evangelísticos que los cristianos del primer siglo dirigieron, en este caso, Pablo, siendo respaldado por el Espíritu Santo, se dirige a judíos y prosélitos con un mensaje que ha sido estudiado por muchos. Ahora esperamos darle finalización a este mensaje.


Pablo-en-sinagoga
Una salvación universal por medio de la fe

 

LA LEY DE MOISES VERSUS LA FE

 

“Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree”.

Hechos 13:38-39

 

A lo largo de su mensaje Pablo ha hablado acerca del propósito de Dios de elegir a su pueblo Israel para bendecirlo y por medio de su linaje traer a su Ungido, Jesús, quien es el Cristo, a través del cual hoy se ofrece perdón de pecados y la salvación del alma, pero esta salvación no se obtiene por medio de observar la ley o cumplir ciertos rituales o incluso hacer buenas obras, sino por medio de la fe: Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.  Por la ley nadie puede alcanzar la salvación, ya que la ley demanda entera obediencia a sus preceptos y no existe nadie que pueda vivir cumpliéndola al 100%, pero la fe en Cristo justifica al hombre de todos sus pecados. En el mensaje del Pablo encontramos uno de los grandes temas de la doctrina de la salvación, la justificación, la cual es el acto mediante el cual Dios declara inocente a una persona y esto se logra imputándoles a Cristo nuestros pecados para que a través de su sacrificio sean expiados y así su justicia, la de Cristo no es imputada: “y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”, (Filipenses 3:9). Por ello, Jesús es quien nos redime de nuestros pecados, por ello el mismo Pablo diría más adelante a los creyentes de Galacia: “y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu”, (Gálatas 3:12-14). La promesa de salvación se alcanza por medio de la fe en Cristo Jesús, no por intentar cumplir la ley y esto era un mensaje novedoso para aquellos que lo escuchaban por primera vez ya que por siglos Israel buscó vivir por medio de cumplir la ley de Moisés, pero ahora era anunciado un nuevo mensaje, un mensaje que traía esperanza a todo aquel que creyera.

 

UNA ADVERTENCIA PROFÉTICA A LA INCREDULIDAD

 

“Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas: Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; Porque yo hago una obra en vuestros días, Obra que no creeréis, si alguien os la contare”.

Hechos 13:40-41

 

Después de anunciar las buenas nuevas, la justificación por medio de la fe en Cristo Jesús, el apóstol pasa a declarar una antigua advertencia profética para aquellos que rechacen el mensaje de Dios: Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; Porque yo hago una obra en vuestros días, Obra que no creeréis, si alguien os la contare. Estas palabras de Pablo están citando un pasaje del profeta Habacuc: “Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis”, (Habacuc 1:5). La profecía hablaba de que Dios haría algo sorprendente que nadie iba a creer que pasaría, levantaría a los babilonios para castigar la maldad de Judá y todas las naciones del mundo del Medio Oriente. De igual manera, ahora, en estos postreros tiempos Dios ha hecho una gran obra que, si la hubiesen contado antes de que ocurriera, no se hubiera creído, la salvación por gracia, no por obras, sino por la fe en Cristo Jesús. Los judíos estaban condicionados a creer que la salvación tenía que ganarse cumpliendo la ley, los prosélitos entendía que tenían que sujetarse a esta ley para poder pertenecer a un linaje al cual Dios le había otorgado el secreto de la salvación, pero ahora les era anunciado un mensaje totalmente novedoso, una salvación que no se ganaba por las obras, sino, solo se creía para vida eterna, pero ay de aquellos que no le creyeran, les acontecería lo mismo que aquellos judíos del tiempo de Habacuc que jamás se arrepintieron de sus maldades y nunca creyeron que Dios levantaría a los caldeos para castigarlos en un futuro distante.

 


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