La historia de la salvación a través de Cristo (Hechos 13:23-37)


 

“De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel. Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. Mas cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; más he aquí viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar el calzado de los pies. Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle. Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase. Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. Mas Dios le levantó de los muertos. Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David. Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción”.

Hechos 13:23-37


INTRODUCCIÓN

 

Continuando con el discurso de Pablo a los judíos y gentiles que estaban en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, estudiaremos en esta oportunidad otra sección de esta maravillosa exposición que el médico amado, Lucas donde nos presenta la historia de la salvación a través de Jesús. Es increíble la capacidad del apóstol Pablo para presentar el evangelio, principalmente a los judíos, pero también a los gentiles que estaban allí, su introducción ya recorrió la historia de Israel quien fue elegido por Dios, ahora, esta elección nos lleva al linaje de donde nacería el Mesías tan esperado que habría de traer gran salvación.


Pablo-predica
La historia de la salvación a través de Cristo

 

UN MESÍAS ANUNCIADO POR LAS PROFECIAS

 

“De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel. Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. Mas cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; más he aquí viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar el calzado de los pies. Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación”.

Hechos 13:23-26

 

De Israel, quien fue elegido por Dios, surgió David, y de la descendencia de éste, conforme a las profecías dadas a él, surgió uno de sus descendientes quien se sentaría en su trono, este es el Mesías, Jesús el Salvador: “Y cuando tus días sean cumplidos para irte con tus padres, levantaré descendencia después de ti, a uno de entre tus hijos, y afirmaré su reino”, (1 Crónicas 17:11). Ahora, este Jesús, el Salvador, vendría después de que su primer advenimiento fuese anunciado por Juan el bautista, quien predicaba el bautismo para arrepentimiento de pecados: De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel. Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. Mas cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; más he aquí viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar el calzado de los pies. Este mensajero llamado Juan el bautista era el Elías profetizado que haría volver el corazón de los padres a los hijos y viceversa a través del mensaje del arrepentimiento: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”, (Malaquías 4.5-6). Este mensajero prepararía el camino para el Mesías: “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios”, (Isaías 40:3). De esta manera, el Mesías, Cristo Jesús, el Salvador del mundo, vino del linaje de David, según las profecías y antes, fue precedido por Juan el bautista, quien, según las profecías preparo el camino para el Mesías: Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. Es interesante ver como Pablo relaciona el desenlace de esta historia de elección de Israel con el plan de salvación que está dirigido no solo a los judíos, sino a todos los temerosos de Dios que son los gentiles.

 

LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESÚS ANUNCIADA POR LAS ESCRITURAS

 

“Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle. Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase. Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. Mas Dios le levantó de los muertos. Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo”.

Hechos 13:27-32

 

Después de presentar los acontecimientos relacionados con el origen del ministerio de Jesús, Pablo presenta la muerte y resurrección de Cristo: Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle. Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase. Es interesante leer que la muerte de Cristo obedece al cumplimiento de las profecías anunciadas en el Antiguo Testamento, realmente oír que el Mesías, el Ungido de Dios muriese sonaba como a fracaso, pero realmente no era así, porque con su muerte estaba sellando su victoria final: Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. Mas Dios le levantó de los muertos. La resurrección de entre los muertos es el sello de victoria de Jesús como Mesías y Salvador de este mundo, ya que a través de esto venció el imperio de la muerte y del pecado del diablo, dando ahora vida eterna a todo aquel que en Él crea: “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”, (Juan 11:25). Es interesante ver cómo el apóstol recalca que esta noticia que hoy les anunciaba era confirmada por testigos que aun vivían: Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. La resurrección de Cristo no fue solo una leyenda que un grupo de galileos se inventaron en un pueblito insignificante de Galilea... ¡no! … La resurrección de Cristo es un acontecimiento histórico confirmado por muchos testigos que para este entonces aun vivían, y que para este momento aún vivían, de esto, en 1 Corintios lo vuelve a confirmar: “y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí”, (1 Corintios 15:5-8). Estos versículos y la afirmación de Pablo de los testigos que para este momento vivían le da un gran peso al testimonio de la resurrección de Cristo, ya que dicha proclamación estaba basada no en leyendas o historias dudosas, sino, en el testimonio de cientos de personas que habían presenciado a Cristo resucitado.

 

EL TESTIMONIO DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO ANUNCIADO A LAS NACIONES

 

“Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David. Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción”.

Hechos 13:33-37

 

Este testimonio es ahora anunciado a todo el mundo y por ello el apóstol Pablo estaba allí en su primer viaje misionero: “Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús… De acuerdo a la interpretación de Pablo, todo esto fue prometido a Israel a través de las Escrituras y ahora se cumplía a los descendientes de aquellos y es una promesa aún para todos nosotros, promesas que fueron anunciadas a través de las profecías del Antiguo Testamento: … como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy… En este caso Pablo cita uno de los Salmos: “Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy”, (Salmo 2:7). Además, agrega: Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David. Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. Aparte de todo esto, Pablo cita otra profecía mesiánica del libro de los Salmos: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”, (Salmo 16:10-11). De esta forma Pablo se auxilia de las Escrituras para confirmar como verdaderas sus palabras y no solo lo hace, sino, da su interpretación a la luz de los acontecimientos: Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. Con estas palabras deja claro que la profecía no hablaba de David, sino, de uno de sus descendientes el cual su cuerpo no experimentaría la corrupción de la muerte, siendo esto una profecía que veía a la resurrección del Mesías de entre los muertos y que ahora se ha cumplido en la persona de nuestro Señor Jesucristo.

 


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