El Sermon del Monte como un alto estándar de ética cristiana


 

“Cuando vio la multitud, subió al monte y, al sentarse él, se le acercaron sus discípulos. Y abriendo su boca, les enseñaba…”

Mateo 5:1-2 (RVA)

 

En los capítulos del 5 al 7 del Evangelio según Mateo encontramos otra de las joyas literarias y bíblicas más hermosas y edificantes de las Escrituras, el Sermon del Monte, allí se nos dice que Jesús al ver las multitudes subió a un monte y se sentó para enseñarles. El sermón del monte es uno de los discursos que dio nuestro Señor Jesucristo en una colina cerca del mar de Galilea durante su ministerio donde expresa grandes enseñanzas referentes a la forma de cómo deben vivir aquellos que pertenecen al Reino de Dios. Ahora, El Sermón del Monte puede verse como el corazón de la ética cristiana, porque allí Jesús redefine la conducta humana desde el interior del corazón, no solo desde la obediencia externa a la ley, sino nos ofrece principios transformadores que revelan el carácter del Reino de Dios para llevarnos a una verdadera plenitud de vida. Así Jesús llama a sus discípulos, a vivir un alto estándar de moral y ética, a perfeccionarse cada día como hijos de Dios: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”, (Mateo 5:48).


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El Sermon del Monte como un alto estándar de ética cristiana 


LAS BIENAVENTURANZAS DEL REINO

 

En Mateo 5:3 12 encontramos las bienaventuranzas del reino, un conjunto de hermosas verdades y declaraciones espirituales que traen dicha a aquellas personas que viven según los principios y valores del reino de Dios. Estas no son mandamientos, sino, declaraciones de identidad que describe el carácter de los ciudadanos del reino y la dicha como resultado de su comunión con Dios, en este sentido, las bienaventuranzas del reino constituyen una importante base moral porque describen ciertas virtudes y características que deben distinguir a los ciudadanos del reino. Entendamos qué valor ético y promesa gloriosa tiene cada una de las bienaventuranzas que nuestro Señor Jesucristo enseñó:

 

Bienaventuranza

Valor ético

Promesa

Pobres en espíritu (Mateo 5:3)

La humildad

Heredar el reino de los cielos

Los que lloran (Mateo 5:4)

Arrepentimiento

Consuelo

Mansos (Mateo 5:5)

Paciencia

Heredarán la tierra

Hambre de justicia (Mateo 5:6)

Deseo de justicia y equidad

Serán saciados

Misericordiosos (Mateo 5:7)

Compasión

Alcanzarán misericordia

Limpio corazón (Mateo 5:8)

Santidad

Verán a Dios

Pacificadores (Mateo 5:9)

Reconciliación

Serán llamados hijos de Dios

Perseguidos (Mateo 5:10-12)

Fidelidad

Reino de los cielos

 

Aunque haya pruebas y persecuciones en la vida cristiana, las bienaventuranzas nos enseñan que alcanzaremos un estado de verdadera felicidad al revistiéndonos de los valores y principios espirituales como la humildad, mansedumbre, fidelidad, santidad, arrepentimiento, paciencia, justicia, etc. Esto nos conduce a un nivel de altos principios y normas que rigen nuestra vida y mantienen nuestra comunión con Dios, por ello, Agustín de Hipona dijo en su obra De sermone Domini in monte (Sobre el sermón del Señor en la montaña): “Las bienaventuranzas se suceden como peldaños de una ascensión: comienza el hombre por hacerse humilde en el espíritu, y así llega a poseer el reino de los cielos; después se hace manso, y así alcanza la herencia de la tierra; luego se hace lloroso, y así recibe la consolación; después tiene hambre y sed de justicia, y así será saciado; luego se hace misericordioso, y así alcanzará misericordia; después se hace limpio de corazón, y así verá a Dios; luego se hace pacífico, y así será llamado hijo de Dios; finalmente, por la justicia, sufre persecución, y así posee el reino de los cielos”.

 

LAS METAFORAS DE LA SAL Y LA LUZ

 

En Mateo 5:13-16 encontramos dos hermosas metáforas que describen una verdad muy importante en el cristianismo, nuestro llamado como hijos de Dios a influir positiva y espiritualmente en este mundo y la importancia de nuestro testimonio público. Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? ...”, (Mateo 5:13, RV60). La sal, por sus usos, es un símbolo de pureza, preservación y sabor, así, la vida cristiana debe ser un reflejo de todo esto por medio de su testimonio y obras; por ello, nos compara con la luz que alumbra las tinieblas y una ciudad asentada a lo alto de un monte la cual no puede esconderse de la mirada de todos los hombres: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”, (Mateo 5:14-16, RV60). En este sentido, las metáforas de la sal y la luz nos establecen los principios éticos de santidad, pureza y buen testimonio público, al influir en este mundo a través de reflejar por medio de nuestra vida transformada por el Espíritu Santo un estándar de moral y espiritualidad que sea referentes a otros de lo que significa el evangelio. Por ello, San Juan Crisóstomo en su obra, Homilías sobre Mateo, Hom.15, dijo: “Cristo llama sal a sus discípulos porque impiden que el mundo se corrompa completamente. Y los llama luz, porque no sólo deben ser virtuosos, sino también manifestar su virtud públicamente, para que todos, al verla, glorifiquen a Dios”.

 

EL VERDADERO ESPÍRITU DE LAS ESCRITURAS

 

En Mateo 5:17 48 encontramos algunas enseñanzas dadas por nuestro Señor Jesús referentes al verdadero espíritu y significado de las Escrituras: “» No piensen que he venido a anular la Ley o los Profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento”, (Mateo 5:17, NVI). Con las palabras, “la Ley y los Profetas”, Jesús se refiere a toda la Escritura, en este caso, todo el Antiguo Testamento, en nuestra época actual, toda la Biblia. La Biblia Hebrea posee tres divisiones, la Ley (Torá), los Profetas (Nebiim) y los otros Escritos (Ketubim), y en Jesús se cumplieron todas las profecías mesiánicas: “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés (Torá), en los profetas (Nebiim) y en los salmos (Ketubim), (Lucas 24:44, RV60). De igual forma, Jesús cumplió la ley moral: “Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó”, (Hebreos 4:15, NTV). Y su muerte y resurrección fueron el cumplimiento y fin de toda la ley ceremonial y sacerdotal, de tal manera que el cristiano ya no está obligado a practicarla ya que Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado y nos introduce a un nuevo pacto: “La Ley es solo una sombra de los bienes venideros, no la presencia misma de estas realidades. Por eso nunca puede perfeccionar a los que se acercan para adorar mediante los mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año”, (Hebreos 10:1, NVI). Ante esta realidad, los cristianos tenemos las Escrituras que no solo nos dan testimonio de Cristo y nuestra preciosa fe, sino, nos establecen una serie de principios morales bajo los cuales fundamentar nuestra vida, de allí que Jesús en los siguientes versículos expone la ley como máximas de vida, más que simples leyes de prohibición.

 

Definitivamente, nuestro Señor lleva la ley a otro nivel, primero citando algunas partes de la ley, haciendo referencia a los antiguos, es decir, algún comentario de algún sabio rabino, pero, luego, Jesús la lleva a un estandarte más alto. Así, nuestro Señor contradice de alguna manera lo que incluso los sabios habían comentado al respecto, veamos:

 1.     “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás… Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio…”, (Mateo 5:21-22, RV60). No basta no marta, no hay que odiar.

2.    “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró…”, (Mateo 5:27-28, RV60). Se peca no solo con el acto sexual, sino, con desearla en la mente.

3.    “También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio”, (Mateo 5:31-32, RV60). Dios no aprueba del divorcio, a no ser por adulterio.

4.    “Además, habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera … sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no…”. (Mateo 5:33-34, 37, RV60). La palabra del cristiano no debe comprometerse con juramentos, sino, con el cumplimiento de sus promesas.

5.    “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo … Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos…”, (Mateo 5:38-39, 43-44, RV60). El evangelio va más allá de las normas de este mundo, el verdadero amor se extiende a aquellos que nos odian.

 

LA VERDADERA PRÁCTICA DE NUESTRA VIDA ESPIRITUAL

 

En Mateo 6:1 18 nuestro Señor Jesús nos enseña otro principio moral muy importante, las motivaciones que nos impulsan a practicar las buenas obras. En Israel existían 3 practicas piadosas que generalmente se asociaban con el nivel de religiosidad de un hombre, la limosna o ayuda a los pobres, la oración y ayuno, sin embargo, los fariseos lo hacían para impresionar a la personas o vanagloria, más que por buscar la comunión con Dios, por eso, Jesús les dijo: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”, (Mateo 6:1, RV60). La práctica de nuestra piedad y vida espiritual demanda sinceridad y deseo de comunión con Dios, y este es un principio de la ética cristiana. Jesús dijo: “Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti…  Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres… Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan…”, (Mateo 6:2, 5, 16, RV60). Nuestra vida espiritual debe expresarse por medio de un corazón que desea acercarse a Dios y obedecer su palabra, de su amor a Dios y al prójimo, en privado y sin busca la fama o reconocimiento del hombre, cuando es así, el Señor recompensa todo aquello que se hace en privado y con corazón sincero.

 

NUESTRA RELACIÓN CON LOS BIENES

 

En Mateo 6:19 34 Jesús enseña acerca del afán y la ansiedad que viene como consecuencia de las preocupaciones económicas, así como los deseos de poseer bienes y riquezas: “» Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa?”, (Mateo 6:25, NTV). A través de hermosas enseñanzas donde Jesús muestra cómo Dios tiene cuidado de los pájaros y los lirios del campo, nos muestra que nuestra vida no debe estar sumergida en un frenesí de codicia y afanes por lo material, la ética cristiana enseña el desapego por lo material, el aprender a ser un buen mayordomo de lo que tenemos y confiar siempre en la provisión de Dios.

 

PRINCIPIOS GENERALES PARA DIRECCIONAR NUESTRA VIDA

 

Finalmente, nuestro Señor nos enseña una serie de principios generales relacionados con la conducta y vida de los ciudadanos del reino de Dios.

 

Enseñanza

Principio ético

Versículos

Explicación breve

No juzgar a los demás

Humildad y autocrítica

Mateo 7:1‑5

Jesús enseña que debemos examinar primero nuestra propia vida antes de corregir al hermano; la imagen de la “paja” y la “viga” es símbolo de la hipocresía.

No dar lo santo a los perros

Discernimiento y prudencia

Mateo 7:6

Lo sagrado debe compartirse con respeto; no todos están dispuestos a recibirlo, por lo que se requiere sabiduría al anunciar la verdad.

Pedid, buscad, llamad

Confianza en Dios y perseverancia

Mateo 7:7‑11

La importancia de la perseverancia en la oración, en no rendirse hasta alcanzar la respuesta de Dios.

La regla de oro

Amor y reciprocidad

Mateo 7:12

Resume la ley y los profetas: tratar a los demás como queremos ser tratados; principio universal de ética cristiana.

La puerta estrecha

Decisión firme y fidelidad

Mateo 7:13‑14

Contrasta el camino fácil que lleva a la perdición con el camino difícil que lleva a la vida; pocos lo hallan porque exige compromiso.

Por sus frutos los conoceréis

Autenticidad y coherencia entre lo que decimos y hacemos

Mateo 7:15‑20

Los falsos profetas se descubren por sus obras; la metáfora del árbol y sus frutos muestra que la verdadera fe produce vida y justicia.

Nunca os conocí

Obediencia a la voluntad de Dios

Mateo 7:21‑23

No basta con profesar fe o realizar milagros; lo esencial es vivir en obediencia y santidad. Jesús rechaza la apariencia sin santidad.

Los dos cimientos

Practicar la palabra

Mateo 7:24‑27

El hombre prudente edifica sobre la roca (obediencia a Cristo); el insensato sobre la arena (oír sin hacer). La prueba revela el verdadero fundamento.

 

De esta manera vemos cómo el sermón del monte es un alto referente de ética cristiana, ciertamente nosotros los cristianos no lo podemos obviar, sino, atesorar sus enseñanzas, perseverar en ella perfeccionando nuestra vida cada día a través de sus principios y valores espirituales: “Por tanto, sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”, (Mateo 5:48, NVI).

 


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