"
Al Señor le agrada más cuando hacemos lo que es correcto y justo que cuando le
ofrecemos sacrificios".
Proverbios 21:3 (NTV)
La misma palabra nos declara que a Dios le agrada cuando actuamos rectamente que practicando rituales o ceremonias religiosas, esto es así por es un Dios justo, santo, bueno, misericordioso y todo amor, en su ser no existe el mal, todo lo que de Él proviene en bueno en gran manera, de allí que su carácter moral es perfecto y correcto en todo el sentido de la palabra. Ahora, Dios ha revelado su carácter moral por medio de su palabra y como cristianos debemos conocerlo, de allí que la ética cristiana se encargue de presentar un modelo de comportamiento basado en lo que la Biblia enseñe. Juan Calvino, en su obra, Instituciones de la Religión Cristiana, dice: “La ley es como un espejo: en ella contemplamos primero la justicia de Dios, la cual nos muestra cuán lejos estamos de conformarnos a ella; y, por consiguiente, nuestra propia iniquidad, nuestra debilidad, y finalmente nuestra condenación”. Así, la Biblia nos muestra la realidad de nuestro pecado, pero, por medio de la redención en Cristo Jesús y la obra del Espíritu Santo, el hombre puede ser restaurado, siendo guiado por la palabra de Dios que lo guía a una espiritualidad, comunión y santidad delante de Dios y los hombres.
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Los 10 mandamientos como guía moral
LOS DIEZ MANDAMIENTOS COMO UN MODELO DE GUÍA MORAL
“Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos
tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios”.
Éxodo 31:18 (RV60)
De acuerdo con el relato bíblico, Dios le entrego en dos tablas de
piedra escritas por su propio dedo 10 mandamientos o palabras que hoy en día
conocemos como el decálogo. En hebreo son conocidos con el nombre de éser dabár
(עֶשֶׂר
דָּבָר) y literalmente se traducen como las Diez Palabras, por ello,
en la Septuaginta se traduce como el Decálogo, que significa lo mismo, las Diez
Palabras y muchos los conocemos como los 10 mandamientos. Estos 10 mandamientos
son más que simples leyes religiosas, son
una declaración que expresa no solo el carácter moral del Señor sino buscaban
regular la conducta del hombre en su relación con Él y su prójimo. La confesión de fe de Westminster
sobre la Ley y los Mandamientos dice: “Esta
ley, después de la caída, continúa siendo una regla perfecta de justicia, y
como tal fue dada por Dios en el Monte Sinaí en diez mandamientos y escrita en
dos tablas. (Stgo. 1:25; 2:10; Rom. 3:19, 13, 8,9; Deut. 5:32; 10:4; Exo.
34:1). Los cuatro primeros mandamientos contienen nuestros deberes para con
Dios, y los otros seis nuestros deberes para con los hombres (Mat. 22:347-40;
Exo. 20:3-17)”. De
esta forma, algunos teólogos han dividido el decálogo en 4 mandamientos que regulan
la conducta humana hacia Dios y 6 que son una guía para mantener una buena
relación con su prójimo, así opina Pablo Hoff en su libro, el Pentateuco: “Los primeros cuatro mandamientos tratan de las
relaciones que deben imperar entre los hombres y Dios, y los restantes tienen
que ver con las relaciones entre los hombres”. Para la ética cristiana,
los 10 mandamiento representan un increíble modelo de carácter moral que el hombre
debe guardar para mantener un estándar de conducta y guía en su vida delante de
Dios y de sus prójimos. Estos 10 mandamiento, y en si, toda su ley moral,
no provienen de la sabiduría de un hombre mortal, sino, del eterno Dios cuya
vigencia no tiene fin, ni época, sino, es eterna.
Los 10 mandamientos como principios universales de ética.
Los 10 mandamientos son considerados por muchos como normas universales
que expresan principios que orientan la conducta humana hacia Dios y su prójimo.
Estos mandamientos era leyes que tenían como propósito evitar que pecasen, ya
que la ley declara lo que es pecado y, por tanto, inmoral e injusto: “—¡No tengan miedo! —les respondió Moisés—, porque Dios
ha venido de esta manera para ponerlos a prueba y para que su temor hacia él
les impida pecar”, (Éxodo 20:20,
NTV). En su obra, “Ética”, Dietrich Bonhoeffer desarrolló su visión de la
moral cristiana como responsabilidad concreta ante Dios y la comunidad, y
allí es donde interpreta los 10 Mandamientos no como normas abstractas, sino
como expresión viva de la voluntad de Dios que exige obediencia en situaciones
reales: “La pregunta ética no es: ¿cómo puedo
ser bueno?, sino: ¿cuál es la voluntad de Dios? Los mandamientos son expresión
de esa voluntad”. Encontrarnos en la voluntad de Dios no solo nos
asegura encajar en el plan perfecto para nuestra vida, sino, alejarnos del
pecado, entendiendo que el pecado es toda aquella acción o pensamiento que nos
conduce a ofender y dañar a nuestro prójimo, a una vida de inmoralidad y disolución,
a practicar la injusticia y corromper el propósito de nuestra vida: “Manténganse alejados de todo lo malo”, (1
Tesalonicenses 5:22, PDT).
Los mandamientos que regulan la relación del hombre con Dios.
Dios regula la conducta humana en su relación con Él, así tenemos que
los primeros 4 mandamientos buscan regular su conducta aceptando que el Señor
merece la única adoración y reverencia total:
1. El primer mandamiento es: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”, (Éxodo 20:3, RV60). En este sentido, lo primero que Israel debía entender es que no debía tener otros dioses que no fuese el Señor y esto nos enseña que en todo el universo no hay otro dios que nuestro Señor Todopoderoso. Para este momento la idea de un solo Dios era prácticamente inexistente e Israel estaba rodeados de naciones politeístas.
2. El segundo mandamiento se refiere a: No adorar imágenes de dioses falsos: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”, (Éxodo 20:4-6, RV60). La prohibición de este mandamiento no es en contra de hacer imágenes con fines artísticos o educativos, sino más bien, a hacer alguna imagen de cualquier cosa creada con el fin de adorarla como si se tratase de Dios, así que condena la idolatría.
3. El tercer mandamiento es: No tomar el nombre de Dios en vano: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”, (Éxodo 20:7, RV60). Algunos opinan que este mandamiento se refiere a no usar el nombre del Señor combinado con lenguaje grosero, pero la verdad es que va más allá de esto. El nombre de Dios es santo y, por tanto, no puede ser usado a la ligera, y en los tiempos en los que se dio este mandamiento, los israelitas solían jurar en el nombre de Dios para dar a sus palabras un mayor peso de credibilidad, sin embargo, el Señor les advierte que aquellos que usen su nombre como garantía de que están diciendo la verdad, aun cuando esto es falso, serán culpables de gran pecado delante de su presencia.
4. El cuarto mandamiento era exclusivo para los israelitas y era guardar el día de reposo: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó”, (Éxodo 20:8-11, RV60). Considerando que aquí encontramos un principio universal que le enseña al hombre la necesidad de tener un día de descanso para su cuerpo, también encontramos el hecho de que Israel debía apartar el último día de la semana para adorar y recordar lo que Dios había hecho por ellos. El hombre contemporáneo también hoy en día necesita tener al menos un día para apartarse de todos sus afanes y buscar comunión con su Creador.
Los mandamientos que regulan la relación del hombre con su prójimo.
Los últimos 6 mandamientos
pretenden establecer leyes que regulen la conducta del ser humano en relación
con su prójimo, para mantener normas de convivencia que garanticen la justicia,
paz y amor entre ellos. Estos mandamientos son:
1. El quinto mandamiento es honrar a tu padre y madre: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”, (Éxodo 20:12, RV60). Honrar significa sentir y mostrar respeto por una persona, respeto que lleva a la obediencia y reverencia.
2. El sexto mandamiento es no matarás: “No matarás”, (Éxodo 20:13, RV60). El mandamiento está dirigido a no cometer homicidio en contra de otro ser humano, el cual es imagen y semejanza de Dios.
3. El séptimo mandamiento es no cometer adulterio: “No cometerás adulterio”, (Éxodo 20:14, RV60). El séptimo mandamiento tiene el objetivo de preservar la pureza sexual del ser humano y cuidar el vínculo del matrimonio.
4. El octavo mandamiento es: No robar: “No hurtarás”, (Éxodo 20:15, RV60).
5. El noveno mandamiento es: No dar falso testimonio en contra de tu prójimo: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”, (Éxodo 20:16, RV60). El pecado del falso testimonio en contra del prójimo nos conduce a los siguientes pecados:
a. La mentira: “El testigo verdadero no mentirá; más el testigo falso hablará
mentiras”, (Proverbios 14:5, RV60).
b. El daño en contra de la integridad de las personas: “Se levantan testigos malvados; de lo
que no sé me preguntan; Me devuelven mal por bien, para afligir a mi alma”, (Salmos 35:11-12, RV60).
c. La murmuración: “No andarás chismeando entre tu pueblo.
No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová”, (Levítico 19:16, RV60).
d. Practican la injusticia: “El testigo perverso se burlará del
juicio, y la boca de los impíos encubrirá la iniquidad”, (Proverbios 19:28, RV60).
e. Siembra a través de la mentira, discordia entre sus hermanos: “El testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos”, (Proverbios 6:19, RV60).
6. El último mandamiento, el décimo, es: No codiciar:
“No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la
mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni
cosa alguna de tu prójimo”, (Éxodo 20:17, RV60).
El pecado de la codicia consiste en desear desmedidamente algo que no tenemos.
JESÚS Y LOS 10 MANDAMIENTOS.
Cuando Jesús se encarnó y vino a este
mundo, su vida completa se dedicó a guardar toda la ley y los profetas: “» No piensen que he venido a anular la Ley o los Profetas; no he venido
a anularlos, sino a darles cumplimiento. Les aseguro que mientras existan el
cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la Ley desaparecerán hasta que
todo se haya cumplido”, (Mateo 5:17-18, NVI).
Sin embargo, Jesús fue más allá y nos enseñó cuál era el verdadero espíritu de obedecer
la ley de Dios. En cierta ocasión un maestro de la ley le pregunto cuál de todos
los mandamientos era el más importante, la respuesta del Señor nos resume toda la
ley: “Los fariseos se reunieron al saber que Jesús había
hecho callar a los saduceos, y uno, que era maestro de la ley, para tenderle
una trampa, le preguntó: —Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la
ley? Jesús le dijo: —“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu
alma y con toda tu mente.” Éste es el más importante y el primero de los
mandamientos. Pero hay un segundo, parecido a éste; dice: “Ama a tu prójimo
como a ti mismo.” En estos dos mandamientos se basan toda la ley y los profetas”, (Mateo 22:34-40, DHH). El amor es el cumplimiento
de toda la ley, para Jesús los mandamientos de carácter moral aún deben obedecerse
ya que la conducta de todo creyente debe regirse por ellos y cuando aprendemos
a amar a Dios y al prójimo, encontramos una delicia al vivir de acuerdo con sus
principios divinos, así, los mandamientos se transforman en una ética
del amor: no solo evitar el mal, sino buscar activamente el bien y la reconciliación.
LA LEY MORAL VIGENTE EN EL TIEMPO DE LA GRACIA
Aunque hoy en día vivimos en el tiempo
de la gracia donde la salvación es por medio de la fe y no por las obras, eso
no significa que no debemos vivir de acuerdo con la ley de Dios. Si bien es cierto,
los cristianos ya no estamos llamados a cumplir la ley, pero nos referimos a
la ley ceremonial, como circuncidarse, guardar los días sagrados o fiestas,
realizar sacrificios en el templo, etc. No obstante, la ley moral si debemos
obedecerla, está aún sigue vigente, porque es nuestra norma bajo la cual debemos
dirigir nuestra conducta y decisiones. En el caso de los 10 mandamientos encontramos
que 9 de 10 aún deben obedecerse ya que están relacionados con el carácter moral
de Dios, de hecho, para Pablo el obedecerlos brota de un corazón que ha aprendido
a amar a Dios y a su prójimo: “Porque: No adulterarás,
no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier
otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo”, (Romanos 13:9, RV60).
Si nos damos cuenta aquí Pablo incluye los mandamientos que van del sexto al décimo,
pero afirma que cualquier otro se resume en amar al prójimo, luego, el quinto
mandamiento de honrar a los padres lo podemos encontrar en Efesios: “Hijos,
obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre
y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa”, (Efesios 6:1-2, RV60),
luego, los mandamientos referentes a amar a Dios, el primer mandamiento, no tener
otro Dios apara de nuestro Dios, lo encontramos en Mateo: “Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu
Dios adorarás, y a él sólo servirás”, (Mateo 4:10, RV60). El segundo mandamiento, no ser idolatra, se encuentra
en Hechos: “… sino que se les escriba que se
aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de
sangre”, (Hechos 15:20, RV60).
Y el tercer mandamiento, no tomar en vano el nombre de Dios, encontramos una
referencia en Santiago: “Hermanos míos, que vuestra fe en
nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas… Pero vosotros
habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos
que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue
invocado sobre vosotros?”, (Santiago 2:1, 6-7).
En cuanto al cuarto mandamiento, guardar el sábado o día de reposo, no encontramos
en el Nuevo Testamento una referencia a que debe seguir obedeciéndose por parte
de la iglesia, recordemos, a excepción de los otros mandamientos, este no es tanto
de carácter moral, sino, ceremonial, ya que establecía guardar el último día de
la semana, sin embargo, no podemos dejar de aprender aquí el principio bíblico
de descansar de nuestras obras un día a la semana y dedicar ese día a buscar al
Señor, tal y como ahora lo hace la iglesia el día domingo. Además, el creyente
ya no está obligado a guardar algún día en especial para reposar de sus obras,
porque, Cristo ha venido a ser su reposo: “Porque
si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por
tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su
reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos,
pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de
desobediencia”, (Hebreos 4:8-11).

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