Ética cristiana


 

“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno; y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”.

Miqueas 6:8 (RV60)

 

¿Cómo debemos conducirnos en este mundo los cristianos? ¿Son acaso las Escrituras una fuente de autoridad por la cual debemos guiarnos en cuanto a nuestra conducta y vida en general? ¿Podemos adecuarnos a las nuevas tendencias morales y de convivencia social sin entrar en conflicto con nuestra fe? Estas y otras preguntas pretendemos responder en esta nueva sección de estudios relacionados a la ética cristiana, para ellos consideremos primero algunos aspectos generales.


Etica-cristiana
Ética cristiana

 

¿QUÉ ES LA ÉTICA CRISTIANA?

 

Etimológicamente, la palabra ética proviene del griego, ethos (ἦθος), que significa costumbres, modo de ser o carácter. La palabra ética está íntimamente relacionada con la moral, muchos autores hablan de manera indistinta de ética y moral, porque realmente la ética pretende establecer una base moral bajo la cual el ser humano debería fundamentar su vida. A lo largo de la historia, Dios ha revelado su carácter moral que debe reflejarse en su pueblo por medio de su palabra, así, Dios le entrego sus 10 mandamientos como una norma de vida que ellos tenían que vivir y les ayudaba a mantener una verdadera comunión de amor y paz entre Dios y su prójimo. Pablo en su carta a los Colosenses presenta unos versículos que algunos opinan capturan la esencia de lo que significa la ética cristiana: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia”, (Colosenses 3:1-6, RV60). En este sentido, la vida del creyente debe estar enfocada en las cosas de arriba, en las celestiales, debe abandonar todas sus costumbres y practicas pecaminosas e injustas, sustituyéndolas por principios y precepto de justicia, una vida santa y de obediencia a su palabra que refleje un carácter moldeado por el Espíritu Santo. Otros, como Agustín de Hipona (354-430 d.C.), afirmó que la esencia del evangelio estaba en amar a Dios: “Ama y haz lo que quieras”. El célebre Tomas de Aquino (1225-1274) definió la ética cristiana como la participación de la ley eterna en la razón humana: “La moral es obediencia a Dios, pero también uso recto de la razón iluminada por la fe”. Para Juan Calvino, la ética cristiana se fundamentaba en la Escritura como norma suprema: “Sólo la Palabra de Dios se encuentra más allá de nuestro juicio; los Padres y los Concilios son de autoridad sólo en la medida en que estén de acuerdo con la regla de la Palabra”. Así podríamos decir que la ética cristiana se fundamenta en la palabra de Dios, en una vida moralmente transformada por el poder del Espíritu Santo y la gracia divina. Por tanto, podríamos definir la ética cristiana como: El conjunto de principios morales basados en las Sagradas Escrituras que guían la conducta de los nacidos de nuevo para amar a Dios y al prójimo, dichos principios están por encima de cualquier pensamiento u opinión humana, pero para el verdadero creyente transformado, son más que leyes rígidas, si no, un sistema de creencia y modo de vida que brota de un corazón transformado por el amor de Dios.

 

DIFERENCIA ENTRE LA ÉTICA SECULAR Y LA CRISTIANA

 

Secularmente la ética podría definirse como la rama de la filosofía que estudia la conducta humana, lo correcto e incorrecto, lo bueno y lo malo, las normas morales bajo las cuales los seres humanos deberíamos regir nuestra vida, así como la forma de cómo aplicarla en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, difiere de la ética cristiana en su fuente de autoridad, mientras que para la ética secular su fuente de autoridad es el uso de la razón, la experiencia cultural y la misma filosofía, la ética cristiana se fundamente en la palabra de Dios, en la Biblia, la cual, a través de sus leyes, refleja el carácter moral de Dios. Dios es perfecto, en Él no hay pecado, es un ser justo y sabio, por tanto, sus leyes y preceptos son guía para el alma humana: “Concluimos, pues, que la Ley es santa y que el mandamiento es santo, justo y bueno”, (Romanos 7:12, NVI). El hombre lamentablemente se encuentra lisiado moralmente por causa del pecado, la Biblia enseña que el corazón es engañoso, nuestro juicio como seres racionales es limitado y en este sentido podemos equivocarnos al decidir nuestro camino: “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte”, (Proverbios 14:12, RV60). De alguna manera Dios ha puesto en nosotros un destello de su moral que es regulado por nuestra conciencia la cual le dicta a nuestro ser de manera subjetiva lo que está bien y mal; pero, solamente su palabra es la que nos puede guiar a toda la verdad.

 

En segundo lugar, la ética secular busca el bien común y adecuada convivencia social, de alguna manera la ética cristiana también, solo que focalizada en glorificar a Dios y amar al prójimo. Los antiguos rabinos siempre buscaron versículos o textos que reflejaran en pocas palabras las muchas leyes que se encontraban en toda la Escritura y uno de esos fue este: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno; y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”, (Miqueas 6:8, RV60). Cuando el hombre aprende a temer y amar a Dios, buscará poner en práctica su justicia a través de la obediencia a su palabra, así como aprenderá a amar a su prójimo para mantener una buena comunión con todos: “Hagan todo lo posible por vivir en paz con todos”, (Romanos 12:18, NTV). Ahora, esto nos lleva al tercer punto, la ética secular procura el debata racional y el análisis cultural para llegar al acuerdo de qué es correcto o incorrecto, sin embargo, como ya lo mencionamos, el hombre está limitado por su naturaleza pecaminosa la cual podría desviarlo de lo que realmente es bueno. Así vemos por ejemplo el nazismo, que justificó sus acciones antisemitas y no mostraron remordimientos ya que en su definición de moral se justificaron así mismo, o qué decir con el dilema de la esclavitud o el racismo, donde sus ideales justificaban sus acciones de desprecio y maltrato hacia aquellos que consideraban razas inferiores. No obstante, la ética cristiana no tiene tal debate, para el creyente solo existe la ley perfecta de Dios que refleja su carácter justo y santo que los guía moralmente y solo necesita obedecerlo imitando todo lo bueno: “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios. Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios”, (3 Juan 11, RV60). Su fin último es imitar a Cristo, el modelo perfecto de moral y santidad, nuestro Maestro y Salvador, nuestro todo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”, (1 Corintios 11:1, RV60).

 

LLAMADOS A VIVIR CON UN ALTO ESTÁNDAR DE PRINCIPIOS MORALES

 

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados”.

Efesios 4:1 (RV60)

 

Hoy en día vivimos en un mundo que abraza un sinfín de creencias e ideologías que moldean su carácter moral. En su condición caída el hombre es incapaz de elegir lo bueno, se enfrasca en una vida que busca satisfacer los deseos de la carne y la vanagloria que este mundo ofrece, muchas veces nos enfrentamos a un mundo de doble moral, acostumbrado a la mentiras y apariencias, influenciado por filosofías e ideologías que le dice que lo importante es su felicidad y dar rienda suelta a sus paciones, sin reparar que esto puede ser pecado, un pecado que destruye la vida del ser humano. La palabra pecado ha sido prohibida en muchos ámbitos, prefieren hablar de costumbres, preferencias o ampliar el concepto de la vida, en no ser dogmático y más pragmático, llegando a ver la Biblia como un libro desactualizado para su época. Sin embargo, no hay otro estándar más alto que los principios que encontramos en las Sagradas Escrituras y nosotros los cristianos debemos fundamentar nuestra vida y conducta en ellos, por ello, Pablo exhortaba a los creyentes a andar a la altura de la vocación a la cual hemos sido llamados. La palabra, "vocación", se traduce del griego klésis (κλῆσις), y hace referencia a un estado al cual ha sido llamado una persona, así, nuestro estado o condición en Cristo Jesús es alta, por tanto, debemos ser dignos guardando todos sus preceptos y atesorando nuestra preciosa fe. La moral del hombre está afectada por el pecado; sin embargo, los preceptos divinos ofrecen un estándar alto que nos guía a desarrollar un carácter noble, perfeccionado por la obra del Espíritu Santo que se manifiesta por medio del fruto del Espíritu y una vida santa: “En cambio, lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio”, (Gálatas 5:22-23, DHH).

 


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