El carcelero de Filipos (Hechos 16:25-40)


 

“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios. Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Suelta a aquellos hombres. Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz. Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos. Y los alguaciles hicieron saber estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran romanos. Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad. Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron”.

Hechos 16:25-40

INTRODUCCIÓN

 

Al proseguir con nuestro estudio del libro de Hechos de los Apóstoles, Lucas nos lleva a los últimos versículos del capítulo 16 donde tenemos el desenlace de la historia que hemos estado estudiando. Si recordamos, Pablo y sus compañeros llegaron a Filipos, una de las principales ciudades de Macedonia, la actual Grecia, y con ello fueron pioneros en llevar el evangelio a Europa. Durante su estadía, Pablo echo fuera un espíritu de una muchacha esclava, espíritu que le daba la facultad de adivinar, al ser expulsado el mal espíritu ella perdió dicha habilidad y, por ende, sus dueños perdieron su fuente de ganancia lo cual les molesto mucho a tal punto que los acusaron delante de los magistrados de alborotar el orden de Filipos al traer costumbres diferentes, fueron azotados con varas y echados a la cárcel.

 

Carcelero-Filipo
El carcelero de Filipo

UN PODEROSO TESTIMONIO DE FE

 

“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían".

Hechos 16:25

 

Lo que tenemos en este versículo es un poderoso testimonio de fe en medio de las más difíciles circunstancias. Recordemos, Pablo y Silas habían sido azotados muchas veces, sus espaldas debieron haber estado totalmente destrozadas y ensangrentadas, sufrieron una gran injusticia por parte de aquellos hombres que los acusaron y los magistrados que solo dictaron sentencia sin darles la oportunidad de defenderse, luego, después de tanto maltrato fueron echados al calabazo de más adentro y les aseguro sus pies con unos cepos, todo esto era suficiente para que cualquier hombre se quebrantara y quedaran totalmente exhaustos y sin deseos de nada; pero no fue así para estos dos hombres, como dice la Escritura: Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Aquí notamos 3 cosas, la primera, ante la desgarradora experiencia de sufrimiento e injusticia, Pablo y Silas no se entregaron a la desolación, antes, oraron al Padre celestial. Cuán importante es entender la importancia que la oración tiene para el creyente, muchas veces las peleas las perdemos por falta de oración o a veces nos dejamos vencer por el desánimo y cansancio, pero, es allí donde debemos clamar a Dios por fortaleza y respaldo. Andrew Murray, un reconocido pastor reformado de Sudáfrica dijo: “La oración debe ser continua, porque la vida en Cristo es continua”. Pablo y Silas sabían esto, para ellos el hecho de estar maltratados o estar pasando por dificultades difíciles no eran suficiente justificación como para abandonar ese día la práctica de la oración, al contrario, perseveraron aún más orando a su Señor. En segundo lugar, Pablo y Silas cantaron himnos a Dios. La adoración es una de las mejores expresiones de comunión y testimonio de nuestra fe, cuando se hacen con un corazón lleno de amor hacia Dios todo nuestro ser es transformado y fortalecido por el poder de Dios, de este versículo, Juan Calvino comento: “No solo fueron pacientes, sino también gozosos en la adversidad; y aunque habían sido vergonzosamente golpeados, no dejaron de cantar alabanzas a Dios. Este fue un ejemplo notable de constancia invencible: que, siendo echados en prisión, no solo oraron, sino también cantaron”, (Comentario sobre los Hechos de los Apóstoles, Hechos 16:25). Finalmente, su actitud de adoración y perseverancia en la oración sirvió de testimonio para los presos que estaban allí. Sin presentar un testimonio oral del evangelio, Pablo y Silas llevaron el testimonio de su fe a todos los presos de la cárcel, cuán importante mensaje nos da el Espíritu Santo a través de este texto al recordarnos que nuestros testimonio y obras pueden ser más poderosas que nuestras palabras. Es interesante ver cómo a través de su fe y gran testimonio, Pablo y Silas convirtieron aquel lugar de tormento y desolación en un lugar de esperanza y confianza en Dios, lo cual nos recuerda las palabras de Juan Crisostomo citadas en una de sus Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles: “...transformaron la prisión en una iglesia”.

 

LIBERADOS POR EL PODER DE DIOS

 

"Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron".

Hechos 16:26

 

Siendo la media noche, como el versículo anterior lo afirma, sobrevino de repente un gran terremoto que movió todos los cimientos de la cárcel, sacudiéndolo todo y provocando que se abriesen todas las puertas de la cárcel y debilitando las cadenas que sujetaban a los presos. Podemos ver aquí el poder de Dios para ayudarnos en nuestros momentos de dificultad y la increíble multiformes de cómo puede hacerlo. Dios no está limitado, ni le faltan recursos o ideas, podemos ver cómo en este caso utilizó un fenómeno natural, un terremoto, para liberarlos. De hecho, esto no fue una casualidad, es más, en Filipos los terremotos no eran comunes en el siglo I. La ciudad estaba ubicada en Macedonia (actual Grecia del norte), una región que sí tiene actividad sísmica por encontrarse en la zona de interacción de placas tectónicas del Egeo, pero los registros históricos muestran que los terremotos significativos eran relativamente raros en esa época. Si recordamos cómo Dios ha ayudado a sus siervos de diferentes formas para librarlos de la cárcel, recordemos que en el caso de Pedro y los apóstoles utilizó ángeles para librarlos (Hechos 5:19–20; 12:6–10), o en el caso de José, inquieto a faraón con sueños que solo él podía descifrar (Génesis 41:14), o Manasés, que aunque el texto no nos dice cómo ocurrió, pero después de su arrepentimiento fue liberado de la prisión que los asirios le habían impuesto y devuelto a su reino (2 Crónicas 33:12–13), como vemos, Dios puede obrar de muchas formas para darnos la solución y respuestas a nuestros problemas.

 

EL CARCELERO DE FILIPOS

 

"Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas..."

Hechos 16:27-29

 

Cuando el terremoto paso, el carcelero se despierta y prontamente corre a ver lo que había pasado. La sorpresa fue impactante, todas las puertas de las prisiones estaban abiertas y lo primero que pensó fue que todos los presos habían aprovechado el momento para huir, lo cual era una sentencia de muerte, ya que la pena para aquellos soldados o guardias a los cuales se les escaparan sus prisioneros era la muerte, por ello, angustiado y creyendo que todo había llegado a su fin decide acudir al suicidio, pero es allí donde justamente Pablo le habla: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. Impresionantes palabras alcanzan un eco de esperanza, aquel hombre pensaba que estaba terminado, solo y desahuciado, pero, no estaba solo, Dios estaba allí, así como Pablo y Silas con un mensaje restaurador. ¡Cuántas personas se sienten solas! Piensan que están solas en este mundo y totalmente desamparadas, creen que la muerte es la única escapatoria, pero no es así, siempre hay personas que nos darán la mano, Dios mismo, está allí esperando ser invitado a nuestras vidas. Cuando aquel hombre escucho la voz de Pablo, tomo una antorcha para iluminarse y correr a ellos y se postro a sus pies.

 

LA GRAN PREGUNTA

 

"... y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios".

Hechos 16:29-34

 

Este pasaje es increíble en revelación, aquí tenemos una pregunta de gran importancia y que todos deberíamos formularnos, la cual a su vez encuentra la respuesta inmediatamente: "... y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa...". Cuantas personas ignoran el destino de su alma, generalmente no pensamos en eso, de hecho, la muerte no es un tema popular, pero deberíamos preguntarnos: "Cuando muera a dónde partirá mi alma". Sin Cristo solo hay condenación eterna ya que somos pecadores, las obras son insuficientes para salvarnos, por ello, lo que necesitamos es creer en Jesucristo para ser salvos.  pero, que significa, "creer en Jesucristo", Pablo lo dice así: "... Esta es la palabra de fe que predicamos: que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo", (Romanos 10:8-9). ¿Qué significa esto? Dos cosas, confesar a Jesús como Señor significa renunciar a nosotros mismos, arrepintiéndonos de nuestros pecados y volverlo a Él el dueño de nuestra vida, para vivir conforme a su palabra, y creer que Dios le levanto de los muertos significa, creer que su sacrificio vicario es suficiente para restaurar nuestras vidas y salvarnos de la condenación eterna. Realmente, este es el mensaje del evangelio que la gente necesita oír hoy en día, últimamente las personas buscan conocimientos profundos de Biblia acompañados de complejos análisis de critica textual, mezclados con información arqueológica, histórica y filológica; y no decimos que eso sea malo, pero lo prioritario del mansaje bíblico es este: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”.  En esta frase de Pablo encontramos otra promesa gloriosa de vida eterna, cree en Jesús y serás salvo, no solo tú, sino tu familia. Ciertamente nosotros que hemos creído encontramos esta promesa verdadera. Pablo les compartió aquel día el mensaje del evangelio a él y toda su familia, estos fueron bautizados y curaron las heridas de Pablo y Silas y vino un gran regocijo a la vida de aquel hombre y su familia por haber conocido al Dios verdadero.

 

LOS MAGISTRADOS SE DISCULPAN Y RUEGAS PORQUE PABLO Y SILAS ABANDONEN LA CIUDAD


“Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Suelta a aquellos hombres. Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz. Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos. Y los alguaciles hicieron saber estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran romanos. Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad. Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron”.

Hechos 16:35-40

 

Aquí tenemos el desenlace de todo. Cuando amaneció, los magistrados enviaron alguaciles a la casa del carcelero de Filipos diciendo que despachara a Pablo y Silas, esto molesto a Pablo y les dijo: “… Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos…”. Estas palabras fueron osadas, pero necesarias para confrontar el acto de injusticia que estos magistrados habían cometido, especialmente porque Pablo era ciudadano romano y la ley establecía que ningún romano podía ser castigado sin un juicio justo. Por ello, Pablo les dice a los alguaciles que si los magistrados los quieren fuera, que vinieran ellos mismos, lo cual lo hacen con mucho temor, rogándoles que se fueran sin tomar represarías. Al final, Pablo y Silas accedieron, se fueron a la casa de Lidia donde se despidieron y partieron de aquella ciudad dejando atrás una increíble cosecha de nuevos cristianos que se convertiría en una iglesia fuerte y referente del evangelio.



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