“Pero viendo sus amos que
había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los
trajeron al foro, ante las autoridades; y presentándolos a los magistrados,
dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, y enseñan
costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos. Y se
agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas,
ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron
en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual,
recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró
los pies en el cepo”.
Hechos 16:19-24
INTRODUCCIÓN
Continuando con el relato de los hechos relacionados con el segundo viaje misionero del apóstol Pablo, específicamente su estadía en Filipos, Lucas nos da detalles de su encarcelamiento en esta ciudad. Recordemos que Pablo echó fuera al espíritu por medio del cual aquella muchacha esclava adivinada, al ya no estar poseída de aquel demonio su capacidad de adivinación se perdió y, por tanto, sus amos perdieron su fuente de ganancia lo cual trajo su enojo que los impulsaría a atacar a Pablo y Silas.
![]() |
| Llevados ante los magistrados en Filipo |
LA CODICIA QUE EXPLOTA AL SER HUMANO
“Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia,
prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades; y
presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos,
alborotan nuestra ciudad, y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni
hacer, pues somos romanos”.
Hechos 16:19-21
Cuando los amos de aquella muchacha que adivinaba se dieron
cuenta que la esperanza de su ganancia se había perdido se llenaron de mucha
colera y decidieron prender a Pablo y Silas para llevarlos ante las autoridades
de Filipo y presentarlos ante los magistrados. La RV60 nos dice que Pablo y
Silas fueron traídos al foro, palabra que se traduce del griego agorá (ἀγορά), que literalmente puede traducirse
como mercado o la plaza donde el pueblo realizaba sus actividades diarias, por
eso, las Nueva Traducción Viviente así traduce esta palabra: “Las esperanzas de sus amos de hacerse ricos ahora quedaron
destruidas, así que agarraron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta la plaza del mercado ante
las autoridades”, (Hechos 16:19). El agorá (ἀγορά),
o foro, mercado o plaza pública era el corazón de la ciudad, el lugar donde no
solo se comerciaba, sino, donde se daban tratos, se reunían los ciudadanos y
resolvían sus disputas. Allí fueron llevados Pablo y Silas, presentándolos ante
los magistrados. Vemos que solo Pablo y Silas fueron llevados ante los
magistrados, no se mencionan a Lucas ni a Timoteo u otro hermano, probablemente
porque solo Silas acompañaba a Pablo cuando ocurrió la liberación de la
muchacha con espíritu de adivinación. Por otro lado, Filipos, por ser una
colonia romana, poseía magistrados los cuales fungían como una especie de
funcionarios públicos que se encargaban de emitir juicios y mantener el orden
dentro de la cuidad. Así, Pablo y Silas fueron acusados de dos cosas: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad.
Prácticamente los acusaron de alborotadores, una acusación delicada que
en el momento carecía de evidencia, porque hasta el momento Pablo y sus
compañeros no habían hecho más que compartir el mensaje de paz del evangelio;
sin embargo, la verdadera razón de la inconformidad y enojo de aquellos hombres
era que la fuente de su ganancia se había esfumado con la liberación de la
muchacha esclava que había estado cautiva de aquel espíritu maligno. Aquí
vemos la triste realidad de la explotación humana, donde algunos hombres abusan
de otros semejantes para obtener ganancias de ellos, esto se ha visto en los
tiempos de la esclavitud, o en la trata de niños o mujeres que son prostituidas,
o la explotación de menores de edad, prácticamente estos son esclavizados para
el beneficio de sus amos y a estos no les importa el sufrimiento y privación de
la libertad de sus sometidos, pero el evangelio ha traído un mensaje liberador
que transforma el corazón cautivo y malvado del hombre, de hecho, esta fue la
misión por la cual Jesús vino a esta tierra: “El
Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas
nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A
pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a
los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor”, (Lucas
4:18-19). En segundo lugar, los acusaron de alterar las costumbres del
imperio: y enseñan costumbres que no nos es
lícito recibir ni hacer, pues somos romanos. Se apeló al orgullo
romano y a la legalidad para dar peso a la denuncia ya que Filipos era una
colonia romana. Aquí vemos la oposición que el evangelio presenta durante su
predicación, el mensaje del evangelio trae paz, libertad y salvación, así
había pasado con Lidia y aquellas mujeres piadosas que creyeron, ahora, una
muchacha había sido liberada de un demonio, pero, rápidamente esto trajo la
molestia de sus amos que vieron que ya no iban a poder explotando de esa manera
a su esclava y en todo, vemos la oposición que el reino de las tinieblas ejerce
al avance del reino de Dios en esta tierra.
PABLO Y SILAS AZOTADOS EN FILIPOS
“Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles
las ropas, ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho,
los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.
El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les
aseguró los pies en el cepo”.
Hechos 16:19-24
Podemos ver como las acusaciones de aquellos hombres
rápidamente hizo que mucha más gente se agolpara en aquella plaza del mercado, no
es de extrañar ya que era un lugar público, aparte de eso, los magistrados al oír
las acusaciones se indignaron tanto que rasgaron sus ropas y ordenaron azotar a
Pablo y Silas con varas. El castigo debió ser excesivo, ya que el texto
dice que, “después de azotarlos mucho, los echaron
en la cárcel…”. Aquí vemos una injusticia cometida, lo que
pasa es que aquellos magistrados ni siquiera les dieron a los acusados la
oportunidad de defenderse, si no, simplemente les creyeron a los acusadores y
les mandaron a azotar sin consideración, esto era una violación a las leyes
romanas que le permitían al acusado dar su defensa. Cuando Pablo escribe su
carta a los tesalonicenses recuerda su incidente en Filipos: “Pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos,
como sabéis, tuvimos de nuevo valor en nuestro Dios para anunciaros el
evangelio de Dios en medio de gran oposición”, (1 Tesalonicenses 2:2),
y en 2 Corintios recuerda que ha sido azotado con varas en más de una ocasión
por su testimonio del evangelio: “Tres veces he sido
azotado con varas…”, (2 Corintios 11:25). Al final, Pablo y Silas fueron
echados en la cárcel y por orden de los magistrados el carcelero los metió en
el calabozo de más adentro, asegurando sus pies con un cepo, como si se
tratasen de criminales peligrosos, así fueron maltratados de forma inhumana
aquel día. Podemos ver el precio que se paga por dar testimonio del evangelio,
sin embargo, ambos, Pablo y Silas, estaban dispuestos a padecer por causa del
reino de Dios, de hecho, el mismo Jesús les advirtió a sus discípulos para que
estuvieran preparados para enfrentarse a tribunales y reyes, donde serian
azotados: “Y guardaos de los hombres, porque os
entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante
gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y
a los gentiles”, (Mateo 10:17-18).
.png)
.png)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario