El gozo de volverse a la palabra de Dios (Nehemías 8:13-18)


 

“Al día siguiente se reunieron los cabezas de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, a Esdras el escriba, para entender las palabras de la ley. Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo; y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalén, diciendo: Salid al monte, y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito. Salió, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Efraín. Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande. Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito”.

Nehemías 8:13-18

 

INTRODUCCIÓN

 

Hemos llegado al final del capítulo 8 del libro de Nehemías hemos aprendido cómo el entendimiento de la palabra de Dios puede conducirnos al arrepentimiento de nuestros pecados y gozo de nuestra alma y traer una verdadera restauración y avivamiento espiritual. Ahora, el estudio de la ley de Moisés continua y esto los llevará al punto de encontrar otro pasaje de la Escritura que les mandaba celebrar a perpetuidad una festividad que les hacía recordar la provisión y protección divina de Dios durante sus 40 años vagando en el desierto. Cuando un verdadero avivamiento viene al pueblo de Dios, este está marcado por un volver a su palabra y el mover del Espíritu Santo.

 

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El gozo de volverse a la palabra de Dios


UN VERDADERO AVIVAMIENTO ESPIRITUAL VUELVE EL INTERÉS A LAS ESCRITURAS

 

“Al día siguiente se reunieron los cabezas de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, a Esdras el escriba, para entender las palabras de la ley. Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo…”

Nehemías 8:13-14

 

La palabra de Dios es nuestra guía en este mundo, el Señor la ha dado para nuestro provecho y para mostrarnos el camino de salvación, pero, cuando se olvida, el pueblo se pierde y cada quien toma rumbos que los conducen a destinos de destrucción. Eso fue lo que le paso a Israel, por su desobediencia a la palabra de Dios y una vida entregada a la idolatría y al pecado terminaron siendo conquistado por naciones extranjeras que los deportaron a babilonia. Es interesante el interés que el pueblo tuvo en continuar estudiando la ley de Jehová: Al día siguiente se reunieron los cabezas de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, a Esdras el escriba, para entender las palabras de la ley. Todos lo avivamientos que en la historia se han registrado han venido acompañados de un volver a las Escrituras, más que cantos o un desborde de emociones “espirituales”, el verdadero avivamiento produce un interés y hambre por la palabra de Dios y junto con el mover del Espíritu Santo quebranta los corazones para volverlos a Dios. Así vemos que Josafat envió levitas por las ciudades para enseñar la ley lo  cual fortaleció espiritualmente al pueblo durante su reinado (2 Crónicas 17:7–9), además, Josías al descubrir el “libro de la Ley” en el templo, se rasgó las vestiduras, buscó al Señor y promovió una reforma nacional, destruyendo ídolos y restaurando el pacto (2 Reyes 22–23), así también el rey Ezequías, aunque no se menciona exactamente la lectura de la Ley, sí se describe cómo restauró el templo y reanudó la Pascua conforme a lo escrito, lo que produjo un gran avivamiento en sus tiempos (2 Crónicas 29–31). Además, los “Grandes Despertares” fueron avivamientos cristianos que marcaron la historia de la fe en los siglos XVIII y XIX, aquí se dio un volver a las Sagradas Escrituras, así el primero ocurrió en las colonias americanas (1730–1740) con Jonathan Edwards y George Whitefield; el segundo (1790–1830) se extendió por Estados Unidos con Charles Finney; y el tercero (1855–1930) estuvo ligado a movimientos de evangelización y misiones. Todos tuvieron como eje central la predicación bíblica y el retorno a las Escrituras. Hoy en día, nosotros, la iglesia contemporánea, no debemos olvidarnos de darle la importancia primaria al estudio de la palabra de Dios para que también experimentemos en nuestra vida ese volver sobrenatural a Dios en una relación sin pecado y en completa comunión con su Espíritu Santo. Fue durante la lectura de la ley de Moisés que los judíos se dieron cuenta de que Dios les ordenaba celebrar la fiesta de los Tabernáculos, es muy probable que estuviesen leyendo el libro de Deuteronomio: “Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías”, (Deuteronomio 16:16).

 

UNA FESTIVIDAD QUE NO SE CELEBRABA DESDE LOS DÍAS DE JOSUÉ

 

“… y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalén, diciendo: Salid al monte, y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito. Salió, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Efraín. Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel…”

Nehemías 8:15-17

 

Inmediatamente se hizo saber en todas las ciudades y por toda Jerusalén el hallazgo de la lectura y estudio de la palabra de Dios, la celebración de la fiesta de los Tabernáculos, así se les ordeno: Salid al monte, y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito. Los judíos obedecieron e hicieron pequeños tabernáculos o tiendas de ramas y palmeras, sobre sus terrados, patios y en las plazas y allí habitaron, recordando el tiempo en el que sus antepasados fueron peregrinos en el desierto. Este momento se marca un punto de gran importancia en la identidad nacional de los judíos, por un lado, el pueblo vuelve a las Escrituras y descubre una de las principales festividades que era obligatoria su celebración de acuerdo a la ley de Moisés, pero que desde días de Josué no se practicaba. Luego, vemos cómo el practicar esta festividad los llevo a la unidad comunitaria donde todos participan, desde líderes hasta familias, mostrando restauración espiritual tras el exilio. Cuán importante es la comunión comunitaria, aún para la iglesia, de hecho, en griego, la palabra griega de donde se traduce comunión es koinonía (κοινωνία), la cual nos habla de tener una comunión intima con Dios y los demás hermanos para compartir y apoyarnos mutuamente, así vemos como la iglesia del primer siglo tenía esta koinonía: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión (koinonía), en el partimiento del pan y en las oraciones… Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas… Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo…”, (Hechos 2:42, 44, 46-47). Esta comunión perfecta viene de conocer la palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas: “…lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo”, (1 Juan 1:3). Finalmente, al habitar nuevamente en tiendas o tabernáculos, los judíos renuevan su pacto al recordar el peregrinar de sus antepasados en el desierto y la provisión y protección divina que gozaron en ese tiempo, reafirmando la identidad del pueblo como una comunidad guiada por Él.

 

GRAN GOZO COMO CONSECUENCIA DE LA OBEDIENCIA A DIOS

 

“… Y hubo alegría muy grande. Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito”.

Nehemías 8:17-18

Finalmente, después de la lectura del libro de la ley, el pueblo obedeció y volvió a practicar la fiesta de los Tabernáculos, y esto trajo gran alegría a todo el pueblo, y esta palabra, “alegría”, se traduce del hebreo shimkjá (שִׂמְחָה), que hace referencia a un regocijo o jovialidad que viene de contentar enormemente el alma, ocasionalmente se usa para describir la alegría de participar en fiestas o bodas, pero también se usa para referirse a la alegría que se produce de encontrarse en una verdadera comunión con Dios: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría (shimkjá), (Salmos 30:11). El verdadero gozo se encuentra únicamente en Dios, por causa del pecado este se pierde y el hombre vive enemistado con Dios, la misma maldad del mundo le produce un sinfín de sufrimientos y los conduce a la condenación eterna, pero cuando se viene a Cristo, nuestros pecados son perdonados y nuestra comunión con Dios es restaurada, el Espíritu Santo produce una renovación de todo nuestro ser lo cual trae una perfecta con nuestro ser interior y prójimo. Durante 7 días el pueblo celebro la fiesta de los Tabernáculos, durante esos 7 días, el sacerdote Esdras leyó la ley de Moisés y hubo gran gozo, así la festividad y gozo culminó con una solemne convocatoria en el octavo día.




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