La joven que es liberada del espíritu de adivinación (Hechos 16:16-18)


 

“Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; más desagradando a Pablo, este se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora”.

Hechos 16:16-18

INTRODUCCIÓN

 

Continuando con su relato, el historiador Lucas prosigue con la narrativa de los hechos referentes al segundo viaje misionero de Pablo, recordemos, estamos  en Filipo, el momento es emotivo ya que nos encontramos en la lectura de uno de los episodios muy importantes de las misiones cristianas, había llegado el evangelio a Europa, específicamente en Filipo y después de la conversión de Lidia y aquellas mujeres piadosas, ahora el evangelio comienza a esparcir la bendita semilla de salvación en los confines del mundo.


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La joven que es liberada del espíritu de adivinación


NO TODO LO DE CARÁCTER ESPIRITUAL VIENE DE DIOS

 

“Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días…”

Hechos 16:16-18

 

Pareciera que, al día siguiente, después de la conversión de Lidia, Pablo y sus compañeros se dirigían disciplinadamente al lugar de la oración, pero les salía una muchacha con espíritu de adivinación: Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación. El texto dice que mientras iban a la oración, les salía al encuentro una muchacha, dicha palabra se traduce del griego paidíske (παιδίσκη), que literalmente significa, “muchacha esclava”, denotaba su edad aproximada y condición social ya que dicho termino se usaba solo con las muchachas esclavas, más no con las libres, de hecho, en Gálatas Pablo juega con esa diferencia de palabras, llama a Agar paidíske (παιδίσκη), la esclava, mientras que a Sara la llama eleuzépa (λευθέρα), la libre, y de ahí construye su alegoría sobre la esclavitud y la libertad en Cristo: “Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava (παιδίσκης), el otro de la libre (λευθέρας). Pero el de la esclava nació según la carne; más el de la libre, por la promesa”. Así que podemos decir que la muchacha era una mujer joven y esclava, a parte de eso era adivina ya que tenía un espíritu de adivinación. En el griego las palabras espíritu de adivinación se son: pneúma Púthon (πνεῦμα Πύθων), y esta última palabra se translitera como Pitón, así lo traduce la versión Reina Valera Antigua: “Y aconteció, que yendo nosotros á la oración, una muchacha que tenía espíritu pitónico, nos salió al encuentro…”, (Hechos 16:16, RV1909). Lucas es enfático al decirle a sus lectores que la muchacha tenía un espíritu pitonizo a través del cual adivinaba y esto era así porque en este tiempo era muy conocido en Grecia la creencia relacionada con los mitos de la isla de Delfos donde en el pasado se creía había existido una gran serpiente pitón la cual el dios Apolo mató y establecido allí su sacerdotisa pitonisa por medio de la cual adivinaba y proclamaba sus oráculos. Ahora, esta muchacha esclava daba ganancia a sus amos por adivinar el futuro y cada vez que Pablo y sus compañeros salían ella decía: … Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días… Este pasaje nos enseña algo muy importante, no todo lo que es espiritual y sobrenatural proviene de Dios, aquí teníamos una muchacha que adivinaba el futuro, aún, decía la verdad diciendo que Pablo y sus compañeros eran siervos del Dios verdadero, pero lo hacía, no por el Espíritu Santo, sino, por medio de un demonio. En la Biblia se nos enseña a tener cuidado con todo aquello que tenga procedencia espiritual, es importante saber discernir si es de Dios, así en el Antiguo Testamento Dios le decía a Israel que probaran a los profetas para hallarlos verdaderos, de lo contrario, morirían: “El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él”, (Deuteronomio 18:20-22). En el Nuevo Testamento se nos exhorta a probar a los espíritus, para saber si son de Dios: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”, (1 Juan 4:1). En tiempos de Juan algunos negaban que Jesús había venido en la carne, por eso Juan les decía a los creyentes que probarán con la sana doctrina a los espíritus, porque aquellos malos espíritus siempre irán en contra de su voluntad y de su palabra. Si nos damos cuenta, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento, la palabra de Señor es la forma que tenemos para saber si los espíritus que operan en un hecho sobrenatural son o no de Dios. Hoy en día debemos tener cuidado con las manifestaciones sobrenaturales, antes, Dios nos ha dado su palabra, basta revisar la doctrina y las condiciones bajo las cuales operan dichos milagros para discernir si son de Dios, así exhortaba Agustín de Hipona: “Amadísimos, no deis fe a cualquier espíritu; antes bien, examinad los espíritus para ver si proceden de Dios, porque han salido a este mundo muchos falsos profetas… El Espíritu Santo nos ha mandado que no demos fe a cualquier espíritu, y nos indicó el porqué de este mandato… En esto se conoce el espíritu que procede de Dios: son palabras de Juan, no mías”, (Sermón 182).

 

EL PODER DE DIOS PARA SUJETAR A TODO ESPÍRITU

 

“… más desagradando a Pablo, este se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora”.

Hechos 16:18

 

Aquí vemos que Pablo, siendo desagradado por las palabras de la muchacha con espíritu de adivinación, después de varios días de escucharla, decidió echar fuera al espíritu en el nombre de Jesucristo. Aunque la muchacha proclamaba una verdad diciendo, “… Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación…”, Pablo sabía que lo que intentaba hacer el espíritu maligno era confundir, ya que muchos creían al espíritu de adivinación y podían confundirse al tratar de entender si ambos, el espíritu de adivinación y los misioneros, eran de Dios. Juan Crisóstomo comentando acerca de este pasaje dijo: “El demonio proclamaba la verdad, pero no con buena intención. Pablo no necesitaba de tal testimonio, pues habría parecido que el Evangelio dependía de los demonios. Por eso, lleno de dolor, ordenó al espíritu salir en el nombre de Jesucristo, y salió en aquella misma hora”, (Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles). Conocedor de que Dios condena la adivinación e iluminado por el Espíritu Santo, decidió poner fin al ataque del espíritu maligno y en la autoridad de Jesús lo expulsó fuera del cuerpo de aquella muchacha, trayendo la liberación de esta: … y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora. Algunos opinan que aquí tenemos un ejemplo de dones del Espíritu Santo, el don de revelación de espíritus que es la manera sobrenatural a través de la cual el Espíritu Santo le revela a su siervo que tipo de espíritu opera en alguna obra milagrosa o sobrenatural, para luego, por el mismo Espíritu Santo, operar un don de milagros para echar fuera al demonio: “…A otro, el hacer milagros … a otro, discernimiento de espíritus…”, (1 Corintios 12:10). Aquí se nos enseña el gran poder de Dios, un poder que no radicaba en su nivel de espiritualidad, sino, en la autoridad que el nombre de Jesús otorga, recordemos, la obra del Señor no se realiza en nuestras propias fuerzas, sino, en el nombre de Cristo, eso significa, recibir la autoridad de Jesús, como sus comisionados para esta gloriosa obra, avanzamos en el poder del Espíritu Santo.


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