“El día veinticuatro del
mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra
sobre sí. Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los
extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus
padres. Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su
Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y
adoraron a Jehová su Dios”.
Nehemías 9:1-3
INTRODUCCIÓN
En
esta oportunidad vamos a iniciar un nuevo capítulo en este increíble y
edificante libro del Antiguo Testamento que estamos estudiando, el libro de
Nehemias. Este capítulo es rico en enseñanza espiritual, por un lado, el tema
predominante es la confesión de Esdras por los pecados de Israel, pero, por
otro, encontramos otras lecciones espirituales referentes a cómo entregarse
totalmente a Dios, confesar nuestros pecados, comprometer a Dios, además de
presentarnos una oración con un contenido muy instructivo que podría considerarse
otra de las oraciones modelo de la Biblia.
UNA CONVOCATORIA PARA HUMILLARNOS DELANTE DE DIOS
“El día veinticuatro del
mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra
sobre sí…”
Nehemias 9:1
El
texto nos dice que el día 24 del mismo mes se reunieron los hijos de Israel, en
este sentido se refiere al séptimo mes, el mes de Tisri (septiembre-octubre): “Y el sacerdote Esdras
trajo la ley delante de la congregación… el primer día del mes séptimo”, (Nehemias
8:2). Recordemos que desde el capítulo 8 se inició un proceso de restauración espiritual
del pueblo, después de haberse restaurado los muros de Jerusalén, así, por
medio de la lectura de la palabra fueron restaurados y movidos a celebrar la
fiesta de los tabernáculos y ahora, en el día 24 de ese mismo mes la congregación
se vuelve a reunir atendiendo el llamado del sacerdote Esdras. Estos 3 versículos
nos ensenan cómo acercarnos a Dios para restaurar nuestra alma. Esta santa
convocatoria de encuentro con Dios implicaba acercarse totalmente humillado
delante de su presencia: “… se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra
sobre sí…”. Las expresiones, ayuno,
cilicio y tierra sobre si, nos hablan del estado de quebranto y humillación del
alma con el cual se acercaron. El ayuno era una práctica en Israel que denotaba
quebranto y humillación de alma, según la ley levítica durante el séptimo mes
se tendría que realizar la festividad de las trompetas y el día de la expiación,
tiempo en el cual también se practicaba un ayuno que duraba 24 horas, de tarde
a tarde del siguiente día: “Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas,
comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis
vuestro reposo”, (Levítico 23:32). Para acercarnos a Dios
necesitamos humillarnos, la humillación no
se trata de un sentimiento de bajeza o derrota, es más bien un acto de reconocer nuestra dependencia de Dios, su soberanía
y la necesidad de confesar nuestros pecados para implorar su perdón y restauración.
En el cristianismo, la humillación es una virtud indispensable para proseguir, de
hecho, Agustín de Hipona habló explícitamente de la humildad y la humillación
en su Carta 118 dirigida a su amigo Dióscoro: “…Ese camino es: primero, la humildad;
segundo, la humildad; tercero, la humildad…”. Si no somos humildes jamás
lograremos acercarnos a Dios, porque lo contrario a la humildad es el orgullo: “Pero él da mayor gracia.
Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”,
(Santiago 4:6).
UNA CONVOCATORIA PARA APARTARNOS DEL MAL
“Y ya se había apartado la
descendencia de Israel de todos los extranjeros…”
Neemias 9:2
Lo
segundo que podemos aprender de esta santa convocatoria es que Israel decidió apartarse de todos sus
pecados y vivir para Dios. A veces queremos buscar a Dios, pero manteniendo
nuestros pecados, pero eso no es posible, es imposible agradar a dos amos: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y
amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a
Dios y a las riquezas”, (Mateo 6:24). Santiago nos dice que la amistad
con el mundo es enemistad con Dios: “¡Oh almas adúlteras! ¿No
sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que
quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”, (Santiago
4:4). Cuando Jacob fue madurando en su fe entendió que no podía continuar
adorando a otros ídolos y por ello le pidió a su familia que se limpiaran de
todos ellos: “Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y
haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.
Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los
dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. Y
levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en
el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado”, (Génesis
35:1-3). De esta forma, es necesario acercarnos a Dios, pero desechando toda
nuestra maldad y buscar su misericordia, porque entonces el Señor nos recibirá
y bendecirá nuestras vidas.
UNA CONVOCATORIA PARA CONFESAR NUESTROS PECADOS
“… y estando en pie,
confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres”.
Nehemias 9:2
En tercer
lugar, esta convocatoria llamaba a
confesar sus pecados. La confesión de nuestros pecados a Dios en verdadero
arrepentimiento abre la ventana de la misericordia de Dios, pero, el
encubrirlos y continuar en ellos trae miseria y condenación: “El que encubre sus
pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará
misericordia”, (Proverbios 28:13). Por esta causa, Juan
Calvino dijo: “No hay otro camino para obtener el perdón que confesar
nuestros pecados ante Dios, y pedirle misericordia”. Cuán importante es
esta práctica piadosa, debemos confesar a Dios siempre nuestras iniquidades y
apartarnos de ellas para siempre alcanzar su misericordia y experimentar su
dulce perdón.
UNA CONVOCATORIA PARA EXPERIMENTAR EL PODER TRANSFORMADOR DE SU PALABRA
“Y puestos de pie en su
lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y
la cuarta parte confesaron sus pecados…”
Nehemias 9:3
La santa
convocatoria incluía la lectura de la palabra de Dios para experimentar su
poder transformador. A parte de humillarse delante de Dios en ayuno y cilicio,
de confesar sus pecados y apartarse del mal para acercarse dignos delante del Señor,
pasaron la cuarta parte del día oyendo la palabra de Dios, para luego, la otra
cuarta parte del día, confesar sus pecados. Esto nos enseña que escucharon
la palabra de Dios y permitieron que esta hablase a sus vidas para experimentar
su poder transformador. En ningún momento puede faltar la palabra de Dios
en nuestras reuniones cristianas, debemos escuchar y meditar en ella, permitir
que el Espíritu Santo nos hable y sujetarnos a sus principios divinos, para
ello, debemos desechar toda altivez de conocimiento que nos lleve a contradecir
sus santos preceptos: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de
malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar
vuestras almas”, (Santiago 1:21).
UNA CONVOCATORIA PARA EXPERIMENTAR ADORAR A DIOS
“…y adoraron a Jehová su Dios”.
Nehemías 9:3
Finalmente, la
convocatoria involucro adoración. Según la Biblia, la adoración no solo
implica canticos y practicar rituales, es reconocer y rendirse totalmente a
Dios con todo nuestro ser, y parte de nuestra adoración se expresa en cánticos
de alabanza y júbilo por sus muchas maravillas. La iglesia primitiva entendió
que en todas sus reuniones debía existir una adoración sincera a Dios con cánticos
de alabanza, así lo podemos leer en textos patrísticos como la carta de
Clemente de Roma a los corintios, en su capítulo 34: “Unámonos, pues, en la concordia de corazón y
clamemos a Él con insistencia y fervor, para que nos haga partícipes de sus
grandes y gloriosas promesas”. También, Pablo al hablar de las reuniones de los cristianos nos
deja ver que la adoración con himnos era parte del culto al Señor: “Hablando entre vosotros
con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en
vuestros corazones”, (Efesios 5:19).
Nehemias 9:1-3 es
un pasaje muy rico en enseñanza bíblica, con gran aplicación para nuestro
tiempo donde podemos aprender que cada vez que nos encontramos con Dios en
nuestros devocionales personales, en el templo o grupos de reuniones
cristianas, debemos hacerlo con un corazón humilde, confesando nuestros pecados
para presentarnos limpios delante de Él, apartados totalmente del mal,
escuchando la palabra de Dios y permitiendo que esta nos transforme, sin
olvidarnos de adorarlo con todo nuestro corazón.
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