La predicación del evangelio en Listra (Hechos 14:8-18)


 

“Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo. Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque este era el que llevaba la palabra. Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios. Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio”.

Hechos 14:8-18

INTRODUCCIÓN

 

Después de su estadía en Iconio, los apóstoles, Pablo y Bernabé se ven obligados a salir de la ciudad debido a la fuerte oposición de los judíos celosos, por ello se marchan y deciden predicar el evangelio en ciudades de Licaonia, en Derbe y Listra. Licaonia era una antigua región al interior de Asia Menor (actual Turquía), la cual Roma la termino incluyendo en la región de Galacia. Listra se encontraba a unos 40 km de Iconio, mientras que Derbe distaba de Listra unos 50 km. Ahora, Pablo y Bernabé continúan su viaje misionero predicando en estas ciudades.

 

La predicación del evangelio en Listra


LA SANIDAD DEL HOMBRE LISIADO DE SUS PIES

 

“Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo”.

Hechos 14:8-10

Lucas continúa narrándonos los acontecimientos del primer viaje misionero de Pablo y Bernabé en Listra, al parecer aquí no existía una sinagoga judía y por tal motivo la predicación del evangelio se tiene que realizar en otros lugares, en este caso se nos presenta a un hombre lisiado de sus pies, desde su nacimiento había sido cojo y jamás había caminado: Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Si comparamos los relatos de Lucas de este episodio que se da en Listra con el de la sanidad que Dios opero a través de Pedro en el paralitico que se dejaba a la entrada del Templo, en la puerta la Hermosa (Hechos 3:1-10), podemos concluir algunas cosas. Considerando la costumbre de dejar a los paralíticos a la entrada del Templo, no es difícil creer que este hombre lisiado de sus pies era dejado a la entrada de los templos paganos o cerca de un lugar de gran concurrencia. No sabemos si este hombre lisiado ya había oído predicar a Pablo o era su primera vez, pero lo cierto es que escuchando el mensaje del evangelio creyó en él, lo cual Pablo noto: Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo. Podemos encontrar algunos paralelos con la sanidad del paralitico de la puerta la Hermosa: “Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos… Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos”, (Hechos 3:3-4, 6-7). En ambos casos, los apóstoles fijaron su mirada con la del paralitico, en el caso del Pablo, vio que tenía fe para ser sanado. ¿Cómo supo Pablo que aquel hombre lisiado tenía fe para ser sanado? Algunos opinan que Pablo intuyó la fe de aquel hombre al ver su interés y expectativa ante la exposición del evangelio, otros podríamos creer que el Espíritu Santo le mostro que aquel hombre tenía la suficiente fe para recibir la sanidad de su cuerpo, esto lo asocian algunos con el don de palabra de ciencia que aparece en el listado de dones del Espíritu Santo de 1 Corintios 12. A través de este don el Espíritu Santo revela de manera sobrenatural cosas que están ocurriendo o que han pasado, así Pablo, por medio del Espíritu, pudo recibir la confirmación de que ese hombre tenía fe para ser sanado. Observemos que el texto dice que Pablo vio que el paralitico “tenía fe para ser sanado”, en dicho caso, no era tanto la fe de Pablo era la fe del hombre lisiado, no se trata del poder apóstol o misionero, sino en la fe de la persona en el poder de Dios lo que provoca el milagro. Teniendo claro Pablo que aquel hombre tenía fe para recibir el milagro, al igual de como lo hizo Pedro, Pablo exclamo a gran voz a aquel lisiado que se levantara derecho sobre sus pies y así paso.

 

Es importante hacer notar aquí que el hecho de que no hubiese sinagogas de judíos allí implicaba que no hubiese muchas personas que conocieran al Dios de Israel, a diferencia de Antioquía de Pisidia o Iconio que la predicación del evangelio se recibía con más disposición por parte de los gentiles que tenían ya un conocimiento del Dios verdadero y eran temerosos de Dios o incluso prosélitos. Por tanto, podríamos pensar que la proclamación del evangelio en Listra fue un poco menos aceptado o de importancia para dichos habitantes, ya que su religión politeísta influía a desfavor de la labor misionera, sin embargo, para abrirse paso, Dios decide operar un milagro para confirmar las palabras de sus heraldos. Aquí vemos uno de los propósitos de los milagros durante la labor misionera, confirmar como señal que las palabras del predicador son verdaderas y respaldadas por Dios, para que aquellos que oyen, crean y así el evangelio se abre paso.

 

EL MILAGRO MAL INTERPRETADO

 

“Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque este era el que llevaba la palabra. Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios”.

Hechos 14:11-13

 

El milagro que había ocurrido con el hombre lisiado de Listra fue notorio, aquel hombre cuando recibió la sanidad saltaba y andaba con gran jubilo a tal punto que los ciudadanos de aquella ciudad se dieron cuenta, pero estos en lugar de darle la gloria del milagro a Dios, creyeron que dos de sus dioses habían descendidos hasta ellos: Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque este era el que llevaba la palabra. En su propia lengua las personas decían que dioses habían descendido hasta ellos, en dicho caso, Júpiter y Mercurio. En el griego, los nombres son Zeus y Hermes, tal como la NVI los traduce: “A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque era el que dirigía la palabra”, (Hechos 14:12, NVI). En la mitología griega Zeus era considerado el dios del trueno y del rayo, dios de los cielos y principal del panteón de dioses griegos, mientras que Hermes era el dios mensajero del Olimpo, probablemente la helenización que Alejandro Magno inicio en el Medio Oriente hizo que su religión politeísta fuese adquirida por estos pueblos, luego, con la llegada de Roma, los nombres de los dioses griego se conocieron con sus equivalentes en latino, en este caso, Zeus se conoció como Júpiter y a Hermes como Mercurio, así como la RV60 los presenta. Es interesante ver que a Bernabé lo asociaron con Júpiter, el dios principal del Olimpo, mientras que, a Pablo con Mercurio, porque llevaba el mensaje, es decir, era el principal portavoz del mensaje. Aquellas personas creyeron que los apóstoles eran estos dioses que habían descendido a ellos. Publio Ovidio Nasón (43 a.C.- 17 d.C.), conocido simplemente como Ovidio, fue uno de los grandes poetas romanos de la Antigüedad y en una de sus obras llamada, Metamorfosis, nos narra una historia creída entre los habitantes que adoraban a estos dioses. Se trata del episodio de Filemón y Baucis, un matrimonio anciano y pobre que vivía en Frigia. Un día Júpiter (Zeus) y Mercurio (Hermes), disfrazados de viajeros, recorren la región buscando alojamiento, pero, nadie los recibe, excepto Filemón y Baucis, quienes los acogen en su humilde choza y les ofrecen lo poco que tienen. Durante la cena, Baucis nota que el vino nunca se acaba, lo que revela la naturaleza divina de sus huéspedes. Como recompensa por su hospitalidad, los dioses convierten su choza en un templo y les conceden el deseo de morir juntos para no quedar uno sin el otro. Al final de sus vidas, son transformados en árboles: Filemón en un roble y Baucis en un tilo, entrelazados para siempre. En cambio, aquellos que no quisieron mostrar hospitalidad son destruidos. Que interesante ver como esta historia pagana de la época pudo haber influido en que estos habitantes de Listra los identificaran con Júpiter y Mercurio, por ello salieron dispuesto a ofrecerles sacrificios: Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios. Esto confirma la historicidad de los hemos narrados por Lucas, ya que más que una simple coincidencia, es un elemento muy interesante que nos dice que esto realmente ocurrió en la cuidad de Listra.

 

LA SANTA INDIGNACIÓN DE LOS APÓSTOLES

 

“Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio”.

Hechos 14:14-18

 

Probablemente Pablo y Bernabé no comprendieron al principio lo que estaba pasando, ya que la gente en lengua licaónica, sin embargo, cuando vieron los toros y guirnaldas, con toda aquella muchedumbre dispuesta a ofrecer sacrificios a sus personas, se indignaron: Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando vocesEstas personas no tenían el conocimiento del Dios verdadero, esto se deja ver en el hecho de que ni siquiera había sinagogas en dicho lugar, por ello, al ver el milagro, creyeron que sus dioses habían descendido a ellos, pero los apóstoles no eran mercenarios de la fe, aquella reacción de los de Listra los indignó tanto que rasgaron sus vestiduras, cualquiera pudo haberse aprovechado de la situación, pero Pablo y Bernabé estaban comprometidos con Dios y su gloria. La idolatría o adoración a otros dioses falsos ha sido un pecado común que aleja a las personas del verdadero Dios, Dios es el creador de todo, por medio de lo creado se da un testimonio de su existencia, lamentablemente el hombre ha tendido a adorar a lo creado antes que al mismo Creador: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”, (Romanos 1:23). Algunas ciudades que Pablo visitara a lo largo de sus viajes misioneros no tenían conocimiento del Dios verdadero, algunas estaban entregadas terriblemente a la idolatría, tal y como Listra se encontraba, por ello, les pareció a aquellos habitantes, que Pablo y Bernabé eran dioses que habían descendido a ellos en forma de hombres. Al ver el intento de adorarlos como dioses y ofrecerles sacrificio, los apóstoles les dijeron: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. Los apóstoles dejan claro que ellos solo son servidores de Dios y cualquier obra poderosa que es hecha por mano de ellos no proviene de ellos mismos, sino, del Espíritu Santo. Cuán importante es entender esto ya que muchas veces los servidores pueden sentirse superiores, cuando realmente solo somos pecadores arrepentidos necesitados de la gracia de Cristo. Además, todas estas obras portentosas y el poderoso mensaje del evangelio son anunciado para que las personas se conviertan de sus idolatrías y pecados al Dios verdadero, el Dios que hizo los cielos, la tierra y el mar, así como todo lo que existe en ellos. La invitación está a convertirnos a Dios y esta palabra implica abandonar nuestra vieja vida, en una de sus cartas a los Tesalonicenses Pablo elogiaba la fe de estos, de cómo se convirtieron de sus ídolos al Dios vivo: “porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”, (1 Tesalonicenses 1:9). Hoy en día aún persiste ese espíritu de idolatría que pretende sustituir la adoración al Señor por algún otro ser o personaje, algunos adoran la naturaleza, otros hablan de poderes universales y últimamente el culto al mismo hombre está influyendo en la vida de los seres humanos haciéndoles creer que no necesitan de Dios y que la evolución, la tecnología y la inteligencia artificial los llevara al siguiente nivel; pero, están totalmente equivocados. Pablo continuó diciéndoles a los habitantes de Listra: En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. Estas palabras parecieran están inspiradas en el relato de Génesis, en la civilización antediluviana, cuando Dios en su paciencia permitió que el hombre viviese según los propósitos de su corazón, pero, aún en esta época, no dejo de darle testimonio de su grandeza y bondad a través de Noé y la construcción del arca, así ahora, muchos han vivido sin considerar a Dios en sus caminos, pero, aún ahora, el testimonio de su santo evangelio llega a muchas personas trayendo el verdadero sustento y alegría a los corazones de aquellos que aceptan el mensaje de paz. Lamentablemente aquel día no lograron evitar que desistieran de su intensión idolátricas: Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio. Pareciera que el mensaje del evangelio no había logrado su propósito, sin embargo, no era así, ya que los apóstoles perseverarían en su labor misionera y los frutos no se tardarían en ver. Como iglesia necesitamos ser perseverantes y pacientes en la evangelización, orando y predicando el evangelio, sabiendo que la palabra no vuelve vacía, sino, que perseverará en aquello para lo cual nosotros la enviamos: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”, (Isaías 55.10-11).


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