“Y algunos de los cabezas de familias dieron ofrendas para la obra. El gobernador dio para el tesoro mil dracmas de oro, cincuenta tazones, y quinientas treinta vestiduras sacerdotales. Los cabezas de familias dieron para el tesoro de la obra veinte mil dracmas de oro y dos mil doscientas libras de plata. Y el resto del pueblo dio veinte mil dracmas de oro, dos mil libras de plata, y sesenta y siete vestiduras sacerdotales. Y habitaron los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los del pueblo, los sirvientes del templo y todo Israel, en sus ciudades. Venido el mes séptimo, los hijos de Israel estaban en sus ciudades”.
Nehemías 7:70-73
INTRODUCCIÓN
Hemos llegado al final del capítulo 7 de Nehemías, a lo largo de este capítulo hemos aprendido la importancia de tener una buena organización que garantice el bienestar de todo el pueblo, para ello, también se realizó un censo que buscaba empadronar a todos los habitantes de la ciudad para asegurar su descendencia judía. Increíblemente después de al menos 70 años de cautiverio la mayoría de las familias pudieron demostrar su descendencia a través de sus genealogías, todos ellos preservaron su identidad y cultura judía, así como sus creencias espirituales. Ahora, el pueblo ya organizado y previamente censado se dispone a demostrar su agradecimiento a través de la generosidad.
LA GRATITUD A DIOS EXPRESADA A TRAVÉS DE LA GENEROSIDAD
“Y algunos de los cabezas de familias dieron ofrendas para la obra. El gobernador dio para el tesoro mil dracmas de oro, cincuenta tazones, y quinientas treinta vestiduras sacerdotales. Los cabezas de familias dieron para el tesoro de la obra veinte mil dracmas de oro y dos mil doscientas libras de plata. Y el resto del pueblo dio veinte mil dracmas de oro, dos mil libras de plata, y sesenta y siete vestiduras sacerdotales”.
Nehemías 7:70-71
Los muros se habían levantado, el censo había finalizado, las puertas se habían fijado de tal forma que ahora el pueblo podía habitar seguro en su ciudad y esto era motivo de gran alegría ya que después de haber estado viviendo en una precaria situación, totalmente vulnerables al ataque y asaltos de sus enemigos, ahora las cosas eran diferentes, por lo que tenían mucho que agradecerle a Dios. El libro nos muestra como el pueblo agradecido por las bendiciones que Dios les había dado los impulso a ofrendar generosamente: Y algunos de los cabezas de familias dieron ofrendas para la obra. Aquí vemos como ofrendaron para la obra de Dios y entre los primeros estaba el gobernador de la cuidad: El gobernador dio para el tesoro mil dracmas de oro, cincuenta tazones, y quinientas treinta vestiduras sacerdotales. Leemos que el gobernador dio 50 mil dracmas, una dracma era una moneda de origen griego que equivalía a una jornada de trabajo de un jornalero y era muy usada en el Medio Oriente, sin embargo, la traducción como dracma no es la más adecuada, ya que esta palabra se traduce del hebreo darkemón (דַּרְכְּמוֹן), que representaba la moneda persa que a veces es llamada dárico, tal y como lo hace la NVI: “…El gobernador entregó al tesoro mil dáricos de oro, cincuenta tazones y quinientas treinta túnicas sacerdotales…”, (Nehemías 7:70, NVI). Vemos que la ofrenda en monedas, tazones y vestiduras para los sacerdotes fue generosa. Así también los cabezas de familias trajeron sus ofrendas para beneficio de la obra, 20 mil dracmas de oro y 2200 libras de plata; y aún el pueblo también ofrendo: Y el resto del pueblo dio veinte mil dracmas de oro, dos mil libras de plata, y sesenta y siete vestiduras sacerdotales. Aquí vemos el ejemplo de los principales lideres de la comunidad al momento de ofrendar, de igual manera, en la iglesia no solo el pueblo debe ofrendar, sino, sus lideres deben ir a la cabeza. Además, las ofrendas deben ser generosas, no existe un porcentaje asignado, sino, cada uno da según haya sido prosperado: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”, (2 Corintios 9:6-7). Además, estas ofrendas son dadas de manera voluntaria, nacidas de un corazón sincero: “Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata, bronce”, (Éxodo 35:5). Al final, la generosidad trae una gran bendición, tanto espiritual como material: “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado”, (Proverbios 11:25).
LA COLABORACIÓN COMUNITARIA
“Y habitaron los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los del pueblo, los sirvientes del templo y todo Israel, en sus ciudades…”
Nehemías 7:73
Finalmente, la obra estaba concluida y el pueblo podía habitar seguro en la ciudad resguardados por los muros: habitaron los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los del pueblo, los sirvientes del templo y todo Israel, en sus ciudades… Parecía increíble que la obra se hubiese terminado, sin embargo, este gran proyecto fue finalizado gracias al trabajo de comunitario de todo el pueblo que se unió bajo una misma visión y totalmente respaldados por la presencia de Dios. En el Nuevo Testamento se nos exhorta a los cristianos a mantenernos unidos, bajo un mismo pensamiento y propósito, totalmente comprometidos con la causa del Señor: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer”, (1 Corintios 1:10). Con la ayuda del Espíritu Santo y la unidad de la iglesia como un verdadero cuerpo en Cristo donde cada miembro realiza una función determinada auxiliado de sus dones y habilidades, la iglesia es capaz y suficiente para engrandecer el reino de Dios en esta tierra: “sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”, (Efesios 4:15-16).
LISTOS PARA LA RENOVACIÓN ESPIRITUAL
“… Venido el mes séptimo, los hijos de Israel estaban en sus ciudades…”
Nehemías 7:73
En último versículo del capítulo 7, la parte final de este termina introduciéndonos a los acontecimientos que consideraremos en el siguiente capítulo: … Venido el mes séptimo, los hijos de Israel estaban en sus ciudades… Después de todo este trabajo y al comenzar a gozar de la seguridad que los muros le ofrecían al pueblo, todos estaban preparados para una renovación espiritual. Cuán importante es reconocer la misericordia de Dios en nuestras vidas, ser renovados por la presencia del Espíritu Santo y permitir que Dios nos guie en nuestra vida diaria: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”, (Tito 3:5-7).
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