“Después de estas cosas,
Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y halló a un judío llamado Aquila,
natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto
Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como
era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio
de ellos era hacer tiendas. Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo,
y persuadía a judíos y a griegos. Y cuando Silas y Timoteo vinieron de
Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra,
testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. Pero oponiéndose y
blasfemando estos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea
sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles. Y
saliendo de allí, se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la
cual estaba junto a la sinagoga. Y Crispo, el principal de la sinagoga creyó en
el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran
bautizados. Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino
habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano
para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. Y se detuvo allí
un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios”.
Hechos 18:1-11
INTRODUCCIÓN
Después de los acontecimientos narrados en el capítulo
anterior, Lucas continúa su relato del segundo viaje misionero de Pablo y en
esta ocasión viaje de Atenas a Corinto, una de las principales ciudades de la
región de Acaya. En esta ciudad Pablo iría finalizando su segundo misionero y
como lo hemos visto anteriormente, Pablo elige otra ciudad importante y clave
para predicar el mensaje del evangelio ya que Corinto era una ciudad portuaria
donde convergían diferentes rutas marítimas provenientes de los continentes asiáticos,
africanos y europeos, y la conglomeración de culturas que allí convivían eran muchísimas,
convirtiéndola en una ciudad cosmopolita y de gran sincretismo religioso.
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La predicación del evangelio en Corinto
PABLO LLEGA A CORINTO
“Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto”.
Hechos 18:1
Corinto fue una ciudad estratégica en la antigüedad, ubicada
en el istmo que conecta el Peloponeso con Grecia central, lo que la convirtió
en un centro comercial clave entre el mar Jónico y el mar Egeo. Fue capital de
la provincia romana de Acaya, y su puerto enlazaba Europa con Asia (Puerto de Lequeo,
hacia el mar Jónico, conexión
con Italia y el occidente del Mediterráneo)
y, en menor medida, con África a través del Mediterráneo (Puerto de Cencrea, hacia
el mar Egeo, conexión
con Asia Menor, Siria y Egipto). Corinto fue literalmente un puente comercial y
cultural entre continentes gracias a su ubicación en el istmo que conecta el
Peloponeso con Grecia central. Era un cruce de lenguas, religiones y costumbres;
griegos, romanos, judíos y comerciantes de todo el Mediterráneo convivían allí,
por eso Pablo encontró un terreno fértil pero también conflictivo: un lugar
abierto a nuevas ideas, pero lleno de tensiones religiosas y morales, la ciudad
estaba llena de templos y santuarios dedicados a diversas deidades como Apolo,
Atenea, Afrodita, Poseidón, Dionisio e incluso cultos egipcios como Isis y
Sérapis, todo esto provocaba un verdadero sincretismo, es decir, Corinto era un
crisol de religiones helénicas y orientales, reflejo de su carácter cosmopolita.
Además, el culto a Afrodita, la diosa del amor era famoso en Corinto, existía
un famoso templo erigido en su honor en donde Estrabón, el famoso geógrafo e
historiador griego (64 a.C.–24 d.C.), menciona que había hasta mil hieródulas
(prostitutas sagradas), que lo convertía en un centro de prostitución ritual. La
prostitución ritual y la vida hedonista eran comunes, lo que generaba fama de
corrupción moral, la vida religiosa estaba ligada a la inmoralidad, y Pablo
tuvo que enfrentar estos problemas en sus cartas (1 Corintios 5 y 6). Por ello,
Atenas y otras ciudades propagaban la idea de que Corinto era símbolo de
decadencia, reforzando su mala fama, tanto así que surgió el término “corintizar”,
que significaba vivir de manera disoluta y entregada a la inmoralidad. Fue a
esta ciudad que Pablo llego para compartir el evangelio.
PABLO INICIA SU MINISTERIO EN CORINTO
“Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido
de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los
judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con
ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. Y
discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a
griegos”.
Hechos 18:2-4
En estos versículos vemos cómo Pablo inició su ministerio en
Corinto, como de costumbre, se dirigió a una sinagoga judía donde podría
compartir su mensaje tanto a judíos como a griegos temerosos de Dios y
prosélitos. Es aquí en Corinto que Pablo conoce a Aquila y Priscila, los
cuales venían de Roma ya que habían sido expulsados por un edicto que el
emperador Claudio había decretado por este tiempo. Aquí vemos un detalle
histórico que Lucas nos ofrece y nos permite ubicarnos en el tiempo, Suetonio
(Claudio 25.4) y otros historiadores romanos registran la expulsión de los
judíos de Roma en el año 49 d.C. por motivos de tensión religiosa entre los
judíos tradicionales y los judíos convertidos a Cristo, lo que coincide con
Hechos 18:2, por tanto, podemos ubicar la llegada de Pablo a Corinto alrededor
del año 49 d.C. Priscila y Aquila fueron un matrimonio judío del siglo I,
colaboradores cercanos de Pablo, mencionados varias veces en el Nuevo
Testamento, así, en Romanos los identifica como colaboradores y obreros de Dios
cuya iglesia se reunía en su casa: “Saludad a
Priscila y a Aquila, mis
colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los
cuales no solo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles.
Saludad también a la
iglesia de su casa”, (Romanos
16:3-5). También en 1 Corintios Pablo confirma que la iglesia se reunía en su
casa: “Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y
Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor”,
(1 Corintios 16:19). Y en 2 Timoteo les manda saludos: “Saluda a Prisca y a Aquila…”, (2 Timoteo 4:19).
Aquí observamos un detalle interesante, observemos, en Romanos y 2 Timoteo, se
mencionan a Priscila y a Aquila; y no a Aquila y Priscila, considerando que
primero debería mencionarse al varón y luego a su esposa, tal y como era la
costumbre del tiempo; pero no ocurre así. La explicación que algunos dan es que
probablemente Priscila era la que tenia el mayor protagonismo en la obra de
Dios que su esposo, convirtiéndose en alguien de gran influencia dentro de la
comunidad cristiana, aunque no dudamos que su esposo siempre la acompañaba,
algunos incluso opinan que ella era la que compartía la palabra de Dios.
Arqueológicamente se han encontrado varias inscripciones latinas con el nombre de
“Aquila” y más de 40 con “Prisca/Priscila”, comunes en mujeres romanas de clase
senatorial o liberta. Además, existen las Catacumbas de Priscila en Roma que son
uno de los complejos subterráneos más antiguos y significativos del
cristianismo primitivo, estas se encuentran en la Vía Salaria, y fueron usadas
entre los siglos II y V d.C. como lugar de sepultura y culto. Se llaman así
porque estaban en terrenos de una mujer llamada Priscila, probablemente miembro
de una familia senatorial romana que se convirtió al cristianismo y no la
Pricila que vemos en las páginas de la Biblia, pero esto nos muestra que el
nombre era común en algunas mujeres libertas.
Fue en Corinto que Pablo conoció a Aquila y Priscila, se
quedo con ellos y trabajaban juntos ya que conocían el mismo oficio:
“Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó
con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas”.
En griego, el oficio era skenopoiós (σκηνοποιός),
literalmente, fabricante de tiendas. Pablo nació en Tarso, Cilicia, una región
famosa por producir tela de pelo de cabra llamada cilicium, este material era
resistente y se usaba para tiendas, toldos y cubiertas; además, durante su
formación rabínica con Gamaliel (Hechos 22:3), se les instruía a aprender un
oficio aparte de su formación religiosa, por lo que el apóstol debió aprender
este oficio durante este tiempo. Aquí vemos un principio bello que los obreros
de Dios a tiempo parcial podemos aprender, la autosuficiencia en el
ministerio. Pablo
trabajaba con sus manos para no ser carga financiera a las iglesias que fundaba,
así lo hizo en Tesalónica: “… ni comimos de
balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para
no ser gravosos a ninguno de vosotros”, (2 Tesalonicenses 3:8); más
tarde les recordaría a los ancianos de Éfeso que sus manos le fueron
suficientes para sostenerse financieramente: “Antes
vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están
conmigo, estas manos me han servido”, (Hechos 20:34). Aunque los
obreros de Dios a tiempo completo merecen ser sostenidos por la congregación,
Pablo no quiso ejercer este derecho durante su estadía en Corinto: “Si otros participan de este derecho sobre vosotros,
¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo
soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No
sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los
que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los
que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. Pero yo de nada de esto me
he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque
prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria”, (1
Corintios 9:12-15). Juan Calvino, en su comentario sobre Hechos 18 dice: “El oficio de Pablo era hacer tiendas, y no se
avergonzaba de trabajar con sus manos. Así nos da un ejemplo de que no hay
deshonra en los trabajos manuales, y que el ministerio no debe ser ocasión de
lucro. Aunque tenía derecho a recibir sustento, prefirió proveerse por sí mismo
para no ser carga a nadie”. Sin embargo, hubo iglesias que siempre
mostraron generosidad hacia su ministerio, así tenemos a la iglesia de Filipos
que le enviaron ofrendas durante su ministerio en Tesalónica: “Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que, al
principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna
iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues
aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades”,
(Filipenses 4:15-16). Y en Corinto, recibió ofrenda de parte de las iglesias de
Macedonia, Filipos, Tesalónica y Berea: “Cuando
estaba entre vosotros y tuve necesidad, a nadie fui carga; pues lo que me
faltaba lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia”, (2
Corintios 11:9). De esta manera, durante la semana Pablo trabajaba en su
oficio de hacer tiendas, pero los sábados, pasaba en la sinagoga enseñando el
evangelio: “… Y discutía en la sinagoga todos
los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos”.
LA ENTREGA DE PABLO A LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO
“Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba
entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos
que Jesús era el Cristo. Pero oponiéndose y blasfemando estos, les dijo,
sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo,
limpio; desde ahora me iré a los gentiles. Y saliendo de allí, se fue a la casa
de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga. Y
Crispo, el principal de la sinagoga creyó en el Señor con toda su casa; y
muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados”.
Hechos 18:5-8
Una vez más las Escrituras nos testifican la ferviente
entrega de Pablo a predicar el mensaje del evangelio: “Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba
entregado por entero a la predicación de la palabra…” Recordemos que
Silas y Timoteo se habían quedado en Berea cuando Pablo partió a Atenas por
causa de las persecuciones de los judíos, después de predicar en Atenas por
algunos días, partió a Corinto y allí lo encontraron sus compañeros, totalmente
entregado a la obra de Dios. Que hermoso ejemplo para todos nosotros,
probablemente muchos no trabajamos de tiempo completo en la iglesia, tenemos
nuestros trabajos seculares, pero eso no nos impide dedicar nuestras horas
libres al servicio de Dios en su obra, tal y como Pablo lo hizo en Corinto. Sin
embargo, después de un tiempo de predicar que Jesús es el Cristo, algunos
judíos celosos comienzan a oponerse, por lo que decide irse de allí a la casa
de un tal Justo: “Pero oponiéndose y blasfemando
estos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra
propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles. Y saliendo de
allí, se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba
junto a la sinagoga”. Conforme el evangelio avanzaba, el judaísmo
comenzó a oponerse a él, no solo a través de las persecuciones que ya hemos
estudiado, sino, el talmud y algunos midrash contienen notas en contra de Jesús
y el cristianismo, condenando su literatura y exhortando a quemarla. Ahora, aunque
Pablo fue expulsado de la sinagoga, Dios proveyó otro lugar para que Pablo
siguiese con su trabajo evangelizador, ya que un gentil piadoso llamado
Justo le brindo su casa para ello, dicha casa estaba a la par de la sinagoga,
lo cual pudiese parecer algo irónico, pero el Señor respaldaba a su siervo, así,
Juan Crisostomo, en su Homilia sobre Hechos 18 dijo al respecto: “La cercanía de la casa de Justo a la sinagoga fue
providencial, pues así la comunidad cristiana pudo trasladarse inmediatamente y
continuar su reunión sin interrupción. Dios dispuso que, aunque los judíos
rechazaran el mensaje, la iglesia tuviera un lugar junto a ellos, mostrando que
la verdad no se oculta, sino que permanece visible frente a la oposición”.
Los textos de la RV60 como otros que fueron traducidos del Textus Receptus
omiten el nombre completo de este personaje llamado Justo, sin embargo, los
textos mas antiguos del siglo IV y V si nos presenta el nombre completo de esta
persona: Ticio Justo, de allí que las versiones modernas de la Biblia ya
lo incluyen de esta manera: “Entonces salió de
allí y fue a la casa de Ticio
Justo, un gentil que adoraba a Dios y que vivía al lado de la sinagoga”,
(Hechos 18:7, NTV). Los frutos de este trabajo no se tardaron en ver,
primero Ticio Justo, el anfitrión de Pablo, luego: “Crispo, el principal de la sinagoga creyó en el Señor con
toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados”.
De esto, William Barclay, en su comentario sobre Hechos nos dice: “La conversión de Crispo, el principal de la sinagoga, y
de muchos corintios que creyeron y fueron bautizados, es una prueba del poder
transformador del evangelio. En una ciudad famosa por su corrupción y
desenfreno, la gracia de Cristo levantó una comunidad nueva y pura”.
EL RESPALDO DE DIOS AL MINISTERIO DE PABLO
“Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino
habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano
para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. Y se detuvo allí
un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios”.
Hechos 18:9-11
Luego de todo esto, el Señor se le aparece a Pablo en visión
para confirmarle que su trabajo en Corinto traería muchos frutos: “Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas,
sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la
mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad…”.
Es probable que Pablo pudiese experimentar desanimo o temores en algunos
momentos de su ministerio, recordemos, en Atenas no tuvo muchas conversiones,
ahora, la oposición de los judíos celosos probablemente ya era un tensión que
el apóstol sentía y en los siguientes versículos se va a ver muy clara, todo
esto pudo ser un motivo de agotamiento emocional para el apóstol, por ello, el Señor
se le aparece en visión para confirmarle que no se detenga, si tenia temores
le dice: “No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno
pondrá sobre ti la mano para hacerte mal…”; el apóstol debía continuar
predicando sin limitarse y aunque surgiese la oposición de los judíos celosos, debía
confiar de que nadie le pondría ni un dedo encima. Juan Pérez de Pineda, el
reformador español del siglo XVI dijo: “Fiel es
Dios que no permitirá que nadie os toque sin su expreso querer… y ninguna cosa
quiere que no sirva para su honra y gloria, y para salvación de sus escogidos”.
Ahora, después de esto el apóstol continúo predicando y llego a tener un
ministerio con muchos frutos en Corinto, tanto que se quedó allí por alrededor
de un año y medio, probablemente uno de los pocos lugares donde permaneció mas
que un par de semanas o meses: “…. porque yo tengo
mucho pueblo en esta ciudad. Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles
la palabra de Dios”.

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