“Porque
no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra
potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra
huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda
la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo
acabado todo, estar firmes”.
Efesios 6:12-13
Habiendo
considerado todo lo anterior nos damos cuenta que son muchas las artimañas del
enemigo y su poder e influencia sobre este mundo es poderosa. Siendo así nos
podríamos preguntar ¿Cómo podemos hacer frente a un enemigo tan poderoso y maligno? La
Biblia nos da la respuesta al decirnos, tomad
toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo
acabado todo, estar firmes.
Oswald Chambers nos dice al respecto: “No podemos estar firmes en contra de las asechanzas del
diablo con nuestras propias fuerzas. El diablo se nos acerca en formas que solo Dios puede comprender y no
en formas que nosotros podamos entender. La única manera en que podamos estar
preparados en contra del enemigo es haciendo lo que Dios nos dice: Permaneced
firmes, vestidos de su armadura...” Esto era algo que Pablo
comprendía y por ello le advierte a los creyentes que nuestros enemigos son
espirituales y no hombres de carne y hueso: Porque no tenemos
lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra
los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes. El
comentarista bíblico William Braclay comenta al respecto de estos versículos
las siguientes palabras: “Las palabras que Pablo utiliza principados,
autoridades, gobernantes de tinieblas y espíritus de maldad; son nombres de
diferentes clases de espíritus malignos y para él, todo el universo era un
campo de batalla. El cristianismo no tendría solo que luchar contra los ataques
del hombre, sino con fuerzas espirituales que luchan con Dios. Pablo ve un
cuadro real. Todo ese tiempo había estado encadenado a la muñeca de un soldado
romano. Literalmente, Pablo era un embajador en cadenas. Al escribir este
pasaje, la armadura del soldado le sugiere un cuadro pictórico. El cristiano
también tiene una armadura; y Pablo traduce a términos cristianos pieza por
pieza la armadura del soldado romano”. Por
tanto, es importante que cada uno de nosotros comprenda la importancia de
vestir siempre la armadura que Dios nos ha proporcionado ya que de lo
contrario, estaremos en desventaja. Cualquier otro tipo de arma no servirá de
mucho ya que la batalla se desarrollará en el campo espiritual y el Señor nos
ha provisto de poderosas armar para resistir al enemigo de nuestra alma: “porque las armas de
nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de
fortalezas, derribando argumentos y toda
altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo
pensamiento a la obediencia a Cristo”, (2 Corintios 10:4-5). Veamos
en qué consiste cada parte de esta armadura.
![]() |
El Cinturón de la Verdad
Manténganse
firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad...”
Efesios
6:14a (NVI)
El
cinturón de un soldado romano era de 15 a 20 centímetros de ancho y aseguraba
todas las otras piezas de la armadura porque estaban unidas a él, incluso la
funda de la espada. Si el cinturón no era fijado correctamente, éste podría
desabrocharse durante la batalla exponiendo sus partes íntimas, perdiendo sus
armas y quedando en completa vergüenza. El cinturón de la verdad se refiere a
nuestra integridad. Cuando no somos íntegros y llevamos una doble vida, nuestra
conciencia nos acusa de hipócritas, el diablo se burla de nosotros y no somos
capaces de ejercer libremente y con autoridad nuestros dones ya que sabemos que
no vivimos en santidad. La verdad de Dios se encuentra en la Biblia a la cual
debemos sacarle el mayor provecho al leerla, estudiarla y aplicarla en nuestra
vida diaria con la finalidad de tener una verdadera vida piadosa. A través del
conocimiento y aplicación de la palabra de Dios obtenemos:
1.
Llevar una
vida santa, la cual aumenta la comunión entre Dios y el hombre: “¿Con qué limpiará
el joven su camino? ¡Con guardar tu palabra!” (Salmo 119:9, RV95).
2.
Una vida
íntegra nos da autoridad para vencer al enemigo de nuestra alma ya que nuestra
consciencia no nos acusa de hipocresía: “Para nosotros, el motivo de satisfacción es el testimonio de
nuestra conciencia: Nos hemos comportado en el mundo, y especialmente entre
ustedes, con la santidad y sinceridad que viene de Dios. Nuestra conducta no se
ha ajustado a la sabiduría humana sino a la gracia de Dios” (2 Corintios 1:12,
NVI).
3.
El vivir de acuerdo a las enseñanzas de las
Sagradas Escrituras nos garantiza el
respaldo de Dios en nuestras vidas ya
que es la presencia del Espíritu Santo la clave de nuestro éxito. Cuando Dios
llamo a Gedeón a su servicio y este temía le dijo que la clave de su éxito
dependía de su presencia en él: “Y Gedeón le
respondió: Ah, Señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido
todo esto?... Y mirándole Jehová, le dijo: Vé con esta tu fuerza, y salvarás a
Israel... Entonces le respondió: Ah, Señor mío, ¿Con qué salvaré yo a
Israel?... Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotaras a los
madianitas como a un solo hombre” (Jueces 6:13-16).
Toda nuestra vida debe estar cimentada
en la verdad de Dios. Cuando nos ceñimos con la verdad de la palabra todos los
efectos de ella vienen a nosotros: honestidad, integridad, confiabilidad,
rechazo a la falsedad, la mentira y el engaño. En otras palabras, no se trata
simplemente de llenar nuestra mente con la verdad bíblica, sino que debemos
permitirle afectar todo lo que decimos y hacemos. Cuando es así, seremos santos,
no tendremos de que avergonzarnos, el diablo no tendrá de qué acusarnos y
podremos ejercer nuestros dones con toda autoridad.
La Coraza de Justicia
“...protegidos
por la coraza de justicia...”
Efesios
6:14b (NVI)
La
coraza del soldado romano estaba hecha de bronce y se ceñía al cuerpo mediante
recias tiras de cuero. Tenía como propósito proteger los órganos vitales del
soldado de una estocada de espada. Nuestras partes espirituales más vulnerables
están protegidas por la justicia de Cristo la cual nos ha sido imputada gracias
a lo que Jesús hizo en la cruz. La palabra imputada
quiere decir “atribuir a una persona algo
que no tiene, reconocer o dar crédito a favor de nuestra cuenta”, y Pablo
lo dice de la siguiente manera: “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató
como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios”, (2 Corintios 5:21, NVI). Como seres
humanos imperfectos somos incapaces de producir nuestra propia justicia ya que
una mala obra botaría mil buenas obras y esto haría pedazos nuestra
consciencia. Pero al entender que nuestra salvación proviene de la fe en
Jesucristo las cosas son diferentes. La coraza de justicia se refiere a
la Justicia que nos imputa Dios, la cual nos protege de la culpa y condenación
ante Dios de tal manera que el diablo no puede atacar nuestra conciencia. David
Wilkerson lo dijo de esta manera: “Si usted no tiene esta verdad en su vida, el diablo se
divertirá arruinando sus sentimientos. Le dirá mentiras y lo empujará a hacer
lo malo a menos que usted tenga esta verdad como el fundamento colocado debajo
de todo lo que usted cree; ni su doctrina, ni su teología, ni su vida estará en
lo correcto, si usted no tiene esa verdad. Y si no la entiende, ni siquiera podrá
obedecer a Dios”.
El Calzado de la Preparación para Proclamar el Evangelio de la Paz
“...y calzados vuestros
pies con la preparación para
proclamar el evangelio de la paz...”
Efesios 6:15 (NVI)
Isaías
nos dice “¡Cuán
hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que
anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del
que dice a Sion: Tu Dios reina!” (Isaías 52:7, RV95). Ahora bien,
Pablo nos aclara: “¿Cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel
de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?” (Romanos
10:14, NVI). Antes de ministrar la salvación de Dios en los servicios del
santuario, Moisés y Aarón se lavaron las manos y los pies (Éxodo 40:31). Antes
de dejar a sus discípulos, Jesús les lavó los pies a todos. En Efesios, los
pies del guerrero están calzados con el apresto del evangelio, y protegidos por
la paz de Jesús. El soldado romano se ponía sandalias muy fuertes para
permanecer firmes al estar de pie en un combate cuerpo a cuerpo. Un calzado
seguro es de lo más importante en nuestra batalla con el diablo porque éste
sabe aprovecharse si ocurre un resbalón que nos desequilibra. La expresión
evangelio proviene del griego euangélion
(εὐανγέλιον) la cual
es una palabra compuesta que significa: eu:
bueno, angélion: mensaje; literalmente, buenas nuevas, por lo tanto los
cristianos somos responsables de predicar este mensaje tal y como nuestro Señor
Jesús lo ordenó: “Vayan
por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura”. (Marcos
16:15, NVI). Además, el evangelio de Jesucristo tiene poder para traer paz a
las personas que lo entiendan, afectando el mundo de las tinieblas al sembrar
en los corazones de los que oyen los principios de Dios. La palabra paz se
traduce del griego eirene (εἰρήνη) y las
veces que aparecen en el Nuevo Testamento se aplican a los siguientes casos:
1.
La paz que se da entre nosotros y
nuestros semejantes: “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua
edificación”, (Romanos
14:19, RVA).
2.
La paz que se da entre Dios y nosotros: “Justificados, pues,
por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”, (Romanos 5:1).
3.
La paz que nuestra alma alcanzar al
saber que sus pecados le han sido perdonados: “La mentalidad
pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del
Espíritu es vida y paz”, (Romanos 8:6, NVI).
Por
tanto, las buenas nuevas del evangelio traen una completa paz al corazón de las
personas, rompen las cadenas de pecado y destruyen las obras del diablo, de
allí la importancia de calzarnos con la disposición de predicar la palabra de
Dios. La RVA traduce este pasaje como: “calzados vuestros pies con la preparación para proclamar el evangelio
de paz”; mientras que la NVI
utiliza la palabra disposición
en lugar de preparación. Si consideramos ambas palabras, debe existir una
disposición de parte nuestra para predicar el evangelio de Jesucristo en todo
momento que se presente la oportunidad, tal y como Pablo se lo encarga a
Timoteo:
“Te suplico encarecidamente
delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos
en su manifestación y en su Reino, que prediques la palabra y que instes a
tiempo y fuera de tiempo. Redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y
doctrina”.
2 Timoteo 4:1-2 (RV95)
A parte de tener una disposición
genuina para proclamar el evangelio también debe existir una preparación para
hacerlo adecuadamente:
“... Estén siempre preparados
para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes.
Pero háganlo con gentileza y respeto...”
1 Pedro 3:15b-16 (NVI)
El Escudo de la Fe
“...Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el
cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno...”
Efesios 6:16 (NVI)
Los escudos
usados por los soldados del ejército
romano eran muy grandes, como de cuatro pies de largo y dos de ancho, y servían
para proteger a los soldados de las armas más temidas en esa época. William
Barclay lo explica muy bien: “Uno de los más peligrosos instrumentos de guerra en la
antigüedad, eran los dardos de fuego. Tenían la punta terminada en estopa
humedecida con brea (resina de pino). La estopa humedecida era encendida antes
de arrojar la flecha encendida. El enorme escudo de forma oblonga, estaba hecho
de dos piezas de madera pegadas. Cuando el escudo paraba la flecha, ésta se hundía en la madera y la llama se apagaba”. Está claro que la fe es la
confianza sencilla y firme que tenemos en Dios. La NVI dice que “La fe es la
garantía de los que se espera, la certeza de lo que no se ve” (Hebreos 11:1, NVI) y cuando es así podemos
ser capaces de resistir todas las acusaciones, tentaciones, engaños y trucos
del diablo. Sin embargo, la fe debe alimentarse y la única forma es a través
del estudio de la palabra de Dios: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de
Dios”, (Romanos 10:17). La fe en la palabra del Señor extingue las
llamas que amenazan incendiarnos en lascivia, ira, malicia o deseos ilícitos.
Cuando ponemos nuestra confianza en sus promesas, se destruye el poder de la tentación.
Martín Lutero, un monje agustino devoto subía las escaleras de Pilato en Roma
sobre sus manos y rodillas, repitiendo la oración el Padre Nuestro en cada uno
de los 28 peldaños. Oraba por la salvación del alma de su abuelo, pero al
llegar arriba se preguntó a sí mismo, “¿quién sabe si así sea?”. Ocho años después,
en una reunión de agustinos, Lutero
alegaba: “No
es justo el que hace mucho, sino aquel, que sin hacer nada, cree mucho en
Cristo”. La fe de algunos cristianos se basa en
superstición que conduce al temor; autodisciplina que conduce al desánimo y lo
que otros le dicen. Esto conduce a un yugo amargo. Pero la fe en la gracia de
Dios y su disposición a perdonar pecados trae optimismo, gratitud y un estilo
de vida positivo.
El Casco de la Salvación
“... Tomen el casco de la
salvación...”
Efesios 6:17 (NVI)
La quinta pieza
de la armadura, el casco, protegía el cráneo y el cerebro. Es la parte de
nuestro cuerpo más vulnerable e indispensable. Pablo llama a esta parte
protectora el casco
de la salvación. Esto se refiere a un conocimiento firme, no
solamente a la salvación presente que tenemos en Cristo, sino a toda la
seguridad, confianza y esperanza que la acompaña. Con un conocimiento
firmemente anclado en nuestro corazón de que la salvación es nuestra, podemos
resistir a cualquier enemigo: “Nosotros que somos del día, por el contrario, estemos
siempre en nuestro sano juicio, protegidos por la coraza de la fe y del amor, y
por el casco de la esperanza de salvación”, (1 Tesalonicenses 5:8, NVI). A través
de la esperanza de la salvación protegemos nuestra mente. Pablo afirma
que “nosotros
tenemos la mente de Cristo”, (1
Corintios 2:16, RV60). El texto en el que se basó este versículo es Isaías
40:13 que dice: “¿Quién
enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?”, donde la
palabra Espíritu proviene del hebreo rúakj
(רוּחַ); pero la
Septuaginta tradujo la palabra rúakj (רוּחַ) como noús (νοῦς), vocablo griego
que significa mente. Esta
interpretación permite que Pablo llegue a la conclusión de que gozar del Espíritu (la mente) de Cristo es poseer
la capacidad de comprender las verdades de Dios. Nuestra mente es sumamente
importante, lo que entendamos acerca de nosotros mismos y de Dios determinaran
nuestras acciones, por tanto, es importante que nuestra mente este influenciado
por la palabra de Dios. Por ello la Biblia nos exhorta a cuidar nuestra mente:
“No se amolden al mundo
actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán
comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”.
Romanos 12:2 (NVI)
En vez de ser moldeados por los
valores de este mundo, el creyente debe ser transformado mediante la renovación
de su mente. La palabra transformados proviene del griego metamorfóo (μεταμορφόω), de donde
proviene nuestra palabra metamorfosis la cual literalmente significa una
alteración de la forma, la cual experimentan algunas especies. Por ejemplo,
algunos insectos sufren este cambio radical, como los gusanos que entran en una
especie de hibernación en un capullo para luego convertirse en un ser
completamente diferente que conocemos como mariposa. Cuando venimos a Cristo
tenemos una mente dañada por todo lo malo que aprendimos en el pasado, nuestras
conductas y hábitos están influenciados por los principios de este mundo. Sin
embargo, el deseo de Dios es que seamos transformados completamente, pero esto
se lograra a través de renovar toda nuestra mente. Debemos desechar todos
nuestros prejuicios, impurezas y sentimientos indignos reemplazándolos por la
revelación bíblica.
La Espada del Espíritu
“...
y la Espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”
Efesios
6:17 (NVI)
La espada, que es la palabra de Dios, es la única arma
ofensiva mencionada en esta armadura. Varios tipos de espadas fueron usadas por
los soldados romanos en sus largas batallas, espadas de un filo; espadas tipo
dagas, más cortas; y la majaira. La
hoja de la majaira era de dos pies de
largo. Tenía filo en ambos lados, y la hoja podía penetrar rápidamente en la
víctima. La mayoría de sus enemigos usaban espadas largas, de un solo filo, que
mostraron su desventaja contra la rapidez y agilidad de los romanos. Cuando el
oponente se colocaba para mover su espada, podía ser fácilmente atravesado por
una majaira. Por esto mismo el autor
de la carta a los Hebreos compara la palabra de Dios con una espada de dos
filos.
“Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más
cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta los más profundo del
alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y
las intenciones del corazón”.
Hebreos 4:12 (NVI)
En griego, hay dos términos
usados para referirse a la expresión “palabra”,
los cuales son logos y rhema. Es interesante que el escritor
usara el término griego rhema en
lugar de logos. Logos se refiere a
una proclamación por escrito, en el contexto del evangelio como un todo. En
contraste, rhema se refiere a
palabras habladas, con una implicación más dinámica. En este sentido, la
palabra de Dios no es solo un montón de páginas escritas sin mayor trascendencia,
al contrario, está viva y es eficaz y cortante como una espada de dos filos
capaz de penetrar en lo más profundo de nuestro ser. Solamente tenemos que
citarla con nuestra boca y esperar sus efectos poderosos en nuestra vida. Respecto
a ello Billy Graham nos dice: “La Biblia es la única arma que puede combatir el diablo.
Cuando citamos la Biblia el diablo corre... cuando usamos la Biblia como una
espada ahuyentamos la tentación”. En la lucha con la tentación, esto
significa que la palabra de Dios es nuestra mejor arma ofensiva y la más
admirable. El hecho de que Jesús citara las Escrituras tres veces durante la
prueba de Satanás en el desierto, debiera ser suficiente para convencernos de
que hasta Dios encarnado se apoyó en la Palabra para poder resistir al diablo.
Estad Firmes
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir
en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.
Efesios 6:13
El
soldado romano tenía la mejor armadura de esos tiempos y el mejor
entrenamiento. No cabe duda que el enemigo de nuestras almas va a hacer todo lo
que pueda para encontrar la oportunidad para atacarnos, tentarnos, desanimarnos,
acusarnos, y por lo tanto, derrotarnos. Las fuerzas del mal se encuentran en
cualquier lugar. El león que busca una debilidad para poder atacar, siempre
está despierto. Las fuerzas demoníacas están a la búsqueda de una habitación,
los poderes de Satanás son fuertes. Sin embargo, nunca debemos olvidar que la
armadura de Dios es suficiente y poderosa para resistir cualquier ataque del
reino del maligno. Los dardos de fuego del maligno no podrán atravesar el
escudo de la fe. Satanás no puede penetrar el casco de la salvación o la coraza
de justicia. La espada que empuñamos (la palabra de Dios) es más cortante y
mortal que cualquier arma del arsenal de Satanás.
El apóstol Pablo termina diciéndole a
los creyentes que una vez estén ceñidos con la armadura de Dios, no cesen de
hacer oraciones por todos los santos y por los predicadores de la palabra de
Dios: “orando en
todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con
toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al
abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio
del evangelio, De igual manera la oración es otra arma grande que tenemos”,
(Efesios 6:18-19). No cabe duda que aparte de ceñirnos de la armadura de Dios,
debemos fortalecernos en la oración. El evangelista D. L. Moody dijo referente
a la oración: “La oración debe ser siempre la fuerza principal de
nuestra vida. Haga lo que sea sabio, pero no antes de haber orado. Mande a
llamar al médico si está enfermo, pero primero ore. Empiece, continúe y termine
todo con oración”. Finalmente, el apóstol Santiago nos dice: “Someteos, pues, a
Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”, (Santiago 4:7). La
clave para resistir al enemigo de nuestra alma es someternos a Dios, vivir en
santidad y oración, vestidos de la armadura del cristiano, y cuando eso ocurra
podremos resistir al diablo y esté huira de nosotros.
Poderoso estudio!!! muchas gracias por tan grande contenido... Dios bendiga su obra!!!
ResponderBorrar